7 de septiembre de 2015

Compartiendo algunos trabajo de alumnos.... Poducción de Santiago Cerruti. CB1


ROMANTICISMO
El Romanticismo es un movimiento cultural originado en Alemania y en el Reino Unido a finales del siglo XVIII y que se extiende y abarca durante casi siglo y medio toda Europa. Surge como una reacción revolucionaria contra el racionalismo de la Ilustración y el neoclasicismo, confiriendo prioridad a los sentimientos. Sus bases teóricas están dadas por el poeta francés Victor Hugo, en el prefacio de su obra Cromwell.
El artista romántico se consideraba ajeno a aquella época cambiante y cruel, ajeno al gusto burgués que comenzaba a imponerse en la sociedad, ajeno a un mundo para él absurdo que estimulaba su soledad, su melancolía, su pesimismo y su angustia metafísica.
Estos sentimientos configuran en el escritor romántico una serie de características. El romántico imponía derecho a su yo, a su personalidad, desde donde ve todas las cosas. Al proyectarse fuera de sí mismo, el romántico encuentra su escenario más adecuado en la naturaleza que, a través de los siglos, sigue siendo igual a sí misma, en contraposición de las ciudades. En las obras de escritores románticos, es notable como la naturaleza deja de tener valor objetivo para depender de sus estados de ánimos, es en esta época donde mejor se puede hablar del “paralelismo psicocósmico” (paralelismo entre el yo y el universo).
Teniendo en cuenta los sentimientos que experimenta el romántico, es fácil deducir que el romántico no ama el tiempo que le tocó vivir. La consecuencia significa una evasión tanto temporal como espacial de la realidad; evasión hacia lugares lejanos, apartados y exóticos o hacia épocas pasadas, como la Edad Media, dejada de lado por el racionalismo ilustracionista.
Es solo a través de la generación romántica que el poeta está totalmente solo frente a una sociedad que lo rechaza. Solo con el Romanticismo la soledad y falta de recursos del escritor se hacen reales y no solamente literarios. Porque desde el siglo XIX ya no existirán los artistas cortesanos ni los protegidos por un grupo de poderosos o influyentes. Ahora el artista se forma aparte y hasta en oposición al gusto de la época.
Charles Baudelaire fue un poeta y traductor francés. Nació en París en 1821 y murió allí mismo en el 1867, a los 46 años de edad. La aparición tardía dentro del Romanticismo de su libro “Las flores del mal” hace imposible concebir a la figura del poeta dentro del Romanticismo propiamente dicho. De acuerdo a su ubicación temporal, podríamos clasificar a Baudelaire como poeta post-romántico; se ha dicho de él que es el último de los poetas románticos y el primero de los modernos.
Publicada en 1857, la primera edición de “Las flores del mal” era muy distinta de la que se conoce actualmente, algunos poemas fueron agregados y otros censurados, lo que en consecuencia hizo que la continuidad presente en la disposición original de los poemas no resultase ser tan evidente en ediciones posteriores. Baudelaire, tras la censura de algunos de sus poemas argumentó que su obra debía ser juzgada en su totalidad, no siguiendo un orden cronológico, sino un orden de finalidades, como el lo propuso en su primera edición. Desea que reconozcan que su obra no consiste en un simple álbum, sino que el libro tiene principio y fin.
La obra tal como se conoce actualmente, presenta una dedicatoria al poeta Theòphile Gauthier al principio, seguida de un poema introductorio “Al lector”. “Epígrafe para un libro condenado” es el poema que da cierre al libro, entre éste y “Al lector” aparecen seis secciones: “Spleen e Ideal”; “Cuadros parisinos”; “El vino”; “Las flores del mal”; “Revolución” y “La muerte”. La segunda sección fue agregada en la segunda edición del libro; no figuraba en la primera de 1857.
Baudelaire defiende que en el Hombre actúa un doble impulso, uno ascendente hacia el ideal, la pureza, y otro descendente, destructor, hacia el mal. Dice que se siente dividido entre el deseo de elevarse y la alegría de descender, el gusto por la destrucción. Se ve simultáneamente atraído y rechazado por esos extremos, y encontrándose atrapado en tal situación, se inmoviliza y experimenta un horror estático, sentimiento que describe el término “spleen” utilizado por el autor en “Las flores del mal”. El spleen pues, es el tedio como vacío espiritual, hastío de vida, pero que incluye el asco de sí mismo y se puede describir como una inmóvil e impotente desesperación. Para huir de esa situación insoportable, Baudelaire en su vida intenta hundirse en el placer, ya sea mediante la embriaguez debida al vino o al hachís (producto del cannabis), intenta extraviarse en estos llamados por él “Paraísos artificiales”, que adormecen los sentidos y provocan un olvido. Sin embargo descubre esto no alcanza porque el dolor es más profundo y el placer resulta pasajero y, en consecuencia, el spleen atrapa nuevamente.
La naturaleza no constituye tema de su escritura, es más, cuando en alguna ocasión alude a ella no es objeto de veneración. En una carta escrita al editor Fernand Desnoyers, que había pedido a distintos autores poemas sobre la naturaleza, Baudelaire afirma: “Me es imposible escribir versos en elogio de la naturaleza”, y en su lugar, le entrega el poema “El Crepúsculo de la tarde” el cual actualmente encontramos contenido en la sección “Cuadros Parisinos”. El poeta opta por trasladar su escenario de la naturaleza a la ciudad. Dice Walter Benjamín, crítico literario alemán nacido en 1892: “Baudelaire va a hacer botánica al asfalto”. Este traslado de escenario surge de la posición del Hombre en medio de la nueva civilización, de su sentimiento cada vez más profundo de soledad, de la creciente deshumanización de ese nuevo mundo con toda la artificialidad, de sus ciudades, su alejamiento de la naturaleza, trastocados por la luz artificial, la vida nocturna. Pero, al mismo tiempo, la ciudad, ejerce una atracción misteriosa que fascina al Hombre. Baudelaire explica que la “modernidad” es la facultad de ver en la gran ciudad, no solo la decadencia del Hombre sino también una belleza misteriosa que resulta atractiva. Para el poeta surge entonces la posibilidad de convertir en obra de arte la causa de su angustia. Por otra parte, y en contribución, la poesía tiene para Baudelaire el privilegio de convertir lo feo, al expresarlo artísticamente, en belleza.
En su poema “El Crepúsculo de la tarde” Se presenta la figura del poeta bajo el hábito de “flâneur”, el paseante aparentemente ocioso que callejea por la ciudad, observa y luego escribe. Decidió abandonar el lenguaje parnasianista elevado y usar términos vulgares, lo que constituirá en el modernismo una de sus características, puesto que sus escritos fueron dirigidos a un nuevo público. El nuevo público, el público moderno, eran precisamente las masas ciudadanas. El género de experiencias que ellas vivían, por el simple hecho de ser habitantes de la ciudad (seres anónimos, que se cruzan sin entablar relaciones), debía ser para ellos algo común. El poeta urbano quería que su poesía fuese espejo para sus protagonistas, convertidos, a la vez, en lectores de sus propias vivencias.
La multitud que está siempre presente en sus obras es siempre la de la metrópolis superpoblada y ofrece el aspecto de algo indiferente. La soledad del Hombre en medio de la multitud y el carácter amenazante de ésta, fue tratado por Edgar Allan Poe en su cuento: “El hombre de la multitud”. Tras la lectura de este cuento, queda en evidencia como los principales argumentos de Baudelaire sobre el arte y las nuevas formas de habitar la ciudad moderna encuentran en el relato de Poe una significativa fuente de inspiración. Baudelaire muestra la experiencia de inmersión en la multitud amenazante, pero a diferencia del narrador en el relato de Poe, en él el poeta se ve afectado por su aspecto amenazador. “Recógete, alma mía, en tan grave momento, y cierra tus oídos a ese desbordamiento”.
“Al principio, mis observaciones tomaron un giro abstracto y general. Miraba a los viandantes en masa y pensaba en ellos desde el punto de vista de su relación colectiva. Pronto, sin embargo, pasé a los detalles, examinando con minucioso interés las innumerables variedades de figuras, vestimentas, apariencias, actitudes, rostros y expresiones”(El hombre de la multitud). Baudelaire también describe personajes, pero a diferencia de Poe, sus personajes, según estudios de su biografía, en ocasiones responden a hombres y mujeres reales, que él conoció y con los que compartió sus noches de bohemia. En “El Crepúsculo de la tarde” se limita a nombrarlos “Las mesas públicas donde el juego hace primores, de rameras colmadas, se ven y estafadores, y pronto van también a empezar los ladrones, su trabajo nunca conoce vacaciones”.
Tras muchas horas de observación, el narrador de “ El hombre de la multitud” descubre a un anciano decrépito al que decide primero vigilar atentamente y luego seguir. Algo en su actitud le llama la atención. Cada vez que las calles empiezan a vaciarse de gente, el anciano parece sentir una inquietud y angustia crecientes y busca desesperado otro lugar en el que encontrar multitudes, o al menos una cierta densidad de ciudadanos. Así llega a los barrios bajos de Londres, y allí, rodeado de gentes que a otros asustarían, el anciano recupera sus fuerzas. En medio de la multitud las necesidades del Hombre persisten, pero las posibilidades de establecer un contacto humano duradero disminuyen. Al aumentar los estímulos se multiplican los encuentros casuales y por lo tanto la imposibilidad de una profundización de estos se vuelve más hiriente. La sensación de estar necesariamente en relación con los otros, se debilita poco a poco por el funcionamiento sin roces del mecanismo social.
Pablo Neruda, poeta chileno nacido en 1904, también escribe bajo el hábito de flâneur en su poema “Walking Around”, perteneciente al libro “Residencia en la tierra”. A lo largo de todo el período de composición de la obra, Pablo Neruda vive una situación de dificultades económicas, descontento con su realidad y profunda soledad; estas circunstancias se reflejan en su poema. Desde el título se anticipa el sentido general del poema. La expresión inglesa “walking around” tiene el significado de transitar sin rumbo, vagar. De la misma manera, a lo largo del poema el yo lírico transita en el mismo escenario que en ambos relatos anteriores, y a través de ese transitar va a redescubrirse y reconocerse a sí mismo.
Con lo visto hasta ahora, no es difícil deducir que los lugares preferidos del flâneur son sin duda “los pasajes”, rincones que inspiraron a no pocos escritores quienes al igual que Baudelaire, Poe y Neruda hicieron de ellos escenarios de sus historias: Julio Cortázar, Walter Benjamín, Luis Aragón.... En los pasajes se suceden lujosas tiendas, terrazas de cafés, oficinas de trabajo, kioskos de revistas y libros, etc. Neruda nombra varios de estos sitios en su poema: “Sucede que entro en las sastrerías”; “El olor de las peluquerías”; “a ciertas zapaterías con olor a vinagre”. Ese lugar, a medio camino entre la calle y el interior, es el hábitat ideal para el paseante, le suministra temas de observación y experiencia emocional continua.



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