2. ETIMOLOGIA DE LA PALABRA «PíCARO»
En el siglo XVI empieza a emplearse la palabra
«pícaro»: aparece por primera vez en la Farsa Custodia, de
Bartolomé Palau(22), obra escrita entre 1541 y 1547, en la forma de
“picarote”, con sufijo apocoristico. Un año después, en la Carta del
bachiller de Arcadia al capitán Salazar~23~, se encuentra la locución
“pícaros de corte”: «Cuando el sol muestra su cara de oro,
igualmente la muestra a los pícaros de la Corte, como a los
cortesanos della». Por fin, la forma “pícaro~~ aparece en una carta
de Eugenio de Salazar hacia 1560. Aunque el texto es bastante largo,
lo citaremos para comprender mejor el contexto de la palabra
,, ,
picaro
El henchimiento y authoridad de la corte es cosa muy de ver.
Porque está tan llena de las personas reales, de prelados, de
dignidades, de sagerdotes, de relligiosos, de señores, de
caualleros, de justi~ias, de letrados, de escuderos, de
negogiantes, pleytantes, tratantes, offigiales y menestrales,
que es cosa de admiración: y como no todo el edifiqio puede ser
de buena cantería de piedras cresgidas, fuertes y bien
labradas, sino que con ellas se ha de mezclar mucho cascajo,
guijo y callao, assi en esta máchina entre las buenas piegas
del ángulo ay mucha froga y turronada de bellacos, perdidos,
faginorosos, homigidas, ladrones, capeadores, tahures,
fulleros, engai’¶adores, embaucadores, aduladores, regatones,
falsarios, rufIanes, pícaros, bagamundos y otros malhechores
tan amigos de hazer mal como lo era Cimón atheniense, y es
nuestro conosgido el benefIciado de no hazer bien(24).
Anteriormente, el término más usual era el de “ganapán”
que se encuentra entre las fechas de 1458 a 1473 y en 1492:
Especialmente Roman
contra vos lleno denojos,
que os llama ganapan. . ¿25).
Luego se generalíza el término “pícaro”. Pícaros eran, en
un principio, los criados y escuderos. En la «Sátira por símiles y
comparaciones contra los abusos de la Corte» de Eugenio de Salazar
se describe en verso al médico así:
Y para que este tono se sostenga,
De un pícaro de Corte se acompaña,
Que no escusa la mula quien la tenga(26)
Y Hurtado de Mendoza, en su Sátira contra las damas
expresa así: «un cocinero, un pícaro, un lacayo». El “pícaro de
cocuy” fue pronto un tipo de sirviente bien definido~27~; también
los “mozos de esportiíía~t(28). Luego hacia 1560, como hemos
mencionado arriba en la carta de Salazar, nos da plenamente la
sensación del pícaro, como elemento que surge en la vagancia,
abundancia y vida muelle de las grandes ciudades:
Dabale mucho gusto el ver á la orilla del río tanta chusma de
gente, tanto concurso de picaros, bribones, negros, negras
desnudas.. .(29).
Según Corominas, en los primeros tiempos, su matiz peyorativo
se refiere más bien a la situación social de un personaje que
a su carácter moral:
es verdad que normalmente se pensaba en un aspecto harapiento
y en la falta de un oficio u ocupación permanente, y aunque el
pordiosero, el vagabundo, la muchacha liviana, el ladronzuelo
y el “buscón” eran pícaros típicos, no se descartaba el que el
pícaro trabajase en menesteres despreciados y más o menos
transitorios, pero honestos, como esportillero, criado de un
pobre, recadero, mozo de jábega o de ~ pinche de
cocina y aun matarife o ayudante de verdugo
Desde Mateo Alemán, todos los héroes de este tipo de
novela reciben invariablemente el nombre de pícaros. Pero, al
principio, el pícaro no nació como una ficción literaria sino que
perteneció a una realidad social. Así dentro de la importancia
asignada al tipo social y literario, las obras literarias fueron
marcando su particularidad, a través de su práctica y continuación, a
ese pícaro del cual partían.
Mucho se ha discutido sobre el origen o etimología de la
palabra “pícaro~~. Rafael Salillas afirma : «En ¡ni opinión, pícaro
deriva de “picar”, y literalmente lo demuestra el haber llamado
“pícaro de cocina al “pinche”(de pinchar) »kJ~-I Este étimo,
“picar”, fue aceptado por Chandler(32) sanvisenti~~~~ y Maldonado de
cuevara~~4~ y Joan Corominas(35) Sin embargo, esta hipótesis tiene
pocos defensores en la actualidad. La etimología de “picardía”, ya
sugerida por Covarrubias~, parece más
aceptada recientemente. Según Nykl «pícaro» y «picardía» vienen
de este nombre geográfico, por la fama de los hechos de armas de la
época en que Picardía y Flandes tuvieron un papel destacado. Sobre
Picardía surgió la expresión «vivir como un picardo o pícaro» para
designar la vida de un soldado de fortuna. Fonger de Haan(38) y
noniíía~39~ propusieron un étimo árabe, pero no parece que tengan
fundamentos por razones fonéticas~40~. Por otra parte, Alonso
Cortés~41~ es partidario de que el origen de «pícaro» es la palabra
«bigardo» y asocia el término «bigardo» con aquellos clérigos que
llevaban una vida disoluta. «Bigardo» llegó a significar «vago y
vicioso». García de Diego(42) ofrece también, por su parte, la
palabra «bigardia», explicando que los frailes bigardos eran conocidos
por su astucia, ingenio y trucos y que por extensión,
«bigardo», se aplicaba a personas que eran como ellos en lo
relativo a vagabundeos, fraudes, engaños, etc.
Aparte de todo esto, tenemos otros intentos de biisqueda
del origen de la palabra «pícaro»: la secta religiosa de los
Pickard (de Pedro Waldo) que floreció en Bohemia en la primera parte
del s. xví~43~; el origen vasco “pico” (44); el o rigen flamenco
“picker”, que significa «picapedrero, segador, ladrón, latero»; el
origen griego “pikros”, que significa «agudo y picante, agrio y
áspero, duro y cruel, cortante u odioso, etc»~45~; el origen
literario<46 a="" embargo="" etc.="" fon="" interpretaci="" n="" p="" sin="" tica="">pesar de todo este esfuerzo de buscar una etimología adecuada para la
palabra “pícaro”, todo resulta conjetural y lo único indudable es que
el sustantivo “pícaro” fue pronto empleado para designar al
buscavidas o ganapán; por extensión, al mozo o escudero.
3. CARACTERISTICAS DE LA NOVELA PICARESCA
La originalidad de la novela picaresca fue llevar a la
literatura a personajes innobles y de ínfimos estratos sociales. Las
novelas de vagabundos, pícaros y mendigos existían en toda la
literatura europea. Pero sólo en España se han llegado a constituir
en género. En este aspecto, hay varias interpretaciones acerca de
cómo surgió la novela picaresca.
Algunos críticos piensan que el hambre es el motivo
central y, por lo tanto, las novelas picarescas ofrecen unas valiosas
informaciones documentales de la vida española de su época.
MenéMez Pelayo define la novela picaresca como «la
epopeya cómica de la astucia y del hambre»~48~. Bonilla también cree
que la novela picaresca demuestra la vida española, aproximadamente
unos cien años, desde 1554, la aparición del Lazarillo de Tormes
hasta 1646, la de Estebanillo Gonzáiez~~. Identifica la filosofía
del pícaro con los acontecimientos históricos y sociológicos de
aquella época~Y Chandier, por su parte, dice que el pícaro no es más que
un pretexto para la descripción de la sociedad y sus maneras. La
sociedad es el asunto dominante. Las condiciones sociales y
económicas negativas de España de los siglos XVI y XVII fueron las
bases de la literatura que expresaba una idea sociológica. La
decadencia de España ofrecía el material necesario para crear una
ficción correctiva. Así, las novelas picarescas españolas son
estudios de costumbres, no de caracteres: observación y pintura de
los hechos externos. Según él, el espíritu de la historia del anti—
héroe era por necesidad satírico y corrector. Se pinta el mundo de la
actualidad como algo atacable~
46>
4 de octubre de 2018
4° ¿Qué es un pícaro?
¿QUÉ ES UN PÍCARO?
“El pícaro del siglo XVII es un mozo nacido
casi siempre de padres pobres y de baja extracción, rara vez honrados, el cual
por culpa de malas compañías o por falta de instrucción, al verse lanzado a la
confusión de la vida y entregado a sí mismo, cae en la vagancia, se aparta del
trabajo y lucha contra la vida como puede, con osadía y falta de escrúpulos,
con engaños, malicias y malas artes … Su distintivo exterior es el aspecto
andrajoso, pero no la deformidad física, sus ocupaciones son el pedir limosna,
los bajos trabajos de ocasión, el vagar perezosamente de ciudad en ciudad … su
carácter envilecido por la ascendencia unas veces, siempre por el medio. La
necesidad de vivir lo hace desvergonzado y sin escrúpulos… pero a pesar del
hambre y los fracasos no quisiera ser otra cosa que lo que es, no cambiaría su
libre y despreocupada existencia por una sedentariedad honorable, a cambio de
una cama y un techo”. LUDWIG PFANDL.
19 de septiembre de 2018
4° FUENTEOVEJUNA. LOPE DE VEGA. ACTO III PARLAMENTO DE LAURENCIA
FUENTEOVEJUNA. LOPE DE VEGA.
ACTO III. FRAGMENTO.
PARLAMENTO DE LAURENCIA
ESTEBAN: ¡Hija mía!
LAURENCIA: No me nombres
tu hija.
ESTEBAN: ¿Por qué, mis ojos?
¿Por qué?
LAURENCIA: Por muchas razones,
y sean las principales:
porque dejas que me roben
tiranos sin que me vengues,
traidores sin que me cobres.
Aún no era yo de Frondoso,
para que digas que tome,
como marido, venganza;
que aquí por tu cuenta corre
Llevóme de vuestros ojos
a su casa Fernán Gómez;
la oveja al lobo dejáis
como cobardes pastores.
¿Qué dagas no vi en mi pecho?
¿Qué desatinos enormes,
qué palabras, qué amenazas,
y qué delitos atroces,
por rendir mi castidad
a sus apetitos torpes?
Mis cabellos ¿no lo dicen?
¿No se ven aquí los golpes
de la sangre y las señales?
¿Vosotros sois hombres nobles?
¿Vosotros padres y deudos?
¿Vosotros, que no se os rompen
las entrañas de dolor,
de verme en tantos dolores?
Ovejas sois, bien lo dice
de Fuenteovejuna el hombre.
Dadme unas armas a mí
pues sois piedras, pues sois tigres...
--Tigres no, porque feroces
siguen quien roba sus hijos,
matando los cazadores
antes que entren por el mar
y pos sus ondas se arrojen.
Liebres cobardes nacistes;
bárbaros sois, no españoles.
Gallinas, ¡vuestras mujeres
sufrís que otros hombres gocen!
Poneos ruecas en la cinta.
¿Para qué os ceñís estoques?
¡Vive Dios, que he de trazar
que solas mujeres cobren
la honra de estos tiranos,
la sangre de estos traidores,
y que os han de tirar piedras,
hilanderas, maricones,
amujerados, cobardes,
y que mañana os adornen
nuestras tocas y basquiñas,
solimanes y colores!
A Frondoso quiere ya,
sin sentencia, sin pregones,
colgar el comendador
del almena de una torre;
de todos hará lo mismo;
y yo me huelgo, medio-hombres,
por que quede sin mujeres
esta villa honrada, y torne
aquel siglo de amazonas,
eterno espanto del orbe.
ESTEBAN: Yo, hija, no soy de aquellos
que permiten que los nombres
con esos títulos viles.
Iré solo, si se pone
todo el mundo contra mí.
JUAN ROJO: Y yo, por más que me asombre
la grandeza del contrario.
REGIDOR: ¡Muramos todos!
BARRILDO: Descoge
un lienzo al viento en un palo,
y mueran estos enormes.
JUAN ROJO: ¿Qué orden pensáis tener?
MENGO: Ir a matarle sin orden.
Juntad el pueblo a una voz;
que todos están conformes
en que los tiranos mueran.
ESTEBAN: Tomad espadas, lanzones,
ballestas, chuzos y palos.
MENGO: ¡Los reyes nuestros señores
vivan!
TODOS: ¡Vivan muchos años!
MENGO: ¡Mueran tiranos traidores!
TODOS: ¡Tiranos traidores, mueran!
Vanse todos
LAURENCIA: Caminad, que el cielo os oye.
¡Ah, mujeres de la villa!
¡Acudid, por que se cobre
vuestro honor, acudid, todas!
Salen PASCUALA, JACINTA y otras mujeres
PASCUALA: ¿Qué es esto? ¿De qué das voces?
LAURENCIA: ¿No veis cómo todos van
a matar a Fernán Gómez,
y nombres, mozos y muchachos
furiosos al hecho corren?
¿Será bien que solos ellos
de esta hazaña el honor gocen?
Pues no son de las mujeres
sus agravios los menores.
JACINTA: Di, pues, ¿qué es lo que pretendes?
FRAGMENTO.
4°4 El tema del honor y la honra en el Cid. Artículo
EL HONOR EN EL POEMA DE MÍO CID
H O N O R I N T H E P O E M O F T H E C I D
Federico García Larraín
Universidad Católica de la Santísima Concepción Departamento de Filosofía Alonso de Ribera 2850 Concepción Chile fedgarcia@ucsc.cl Resumen En este estudio se analiza el uso que se da a al término honor en el Poema de Mío Cid, en relación a la realidad social del Cid Campeador. Se intenta mostrar que el honor, si bien tiene un significado primario relacionado con bienes materiales, principalmente tierras, va más allá de eso. Constituye este un bien intangible más importante que la vida, además de poder ganarse, aumentarse, perderse y compartirse. Palabras claves: Poema de Mío Cid, Cid Campeador, Honor, Sociedad del Honor, Reconquista. REVISTA DE HUMANIDADES Nº30 (JULIO-DICIEMBRE
Abstract In this paper the uses of the word honor in the Poem of the Cid are examined, in relation to the social reality of the Cid. It intends to show that honor, even though it has a primary meaning of material possessions, mainly land, goes further than that, being an immaterial good, more important than life itself, and it can be won, increased, lost and shared. Key words: Poem of the Cid, the Cid, Honor, Society of Honor, Spanish Reconquista. Recibido: 10/01/2014
Aceptado: 18/06/2014 1
. El contexto histórico del poema del Mío Cid El Poema de Mío Cid es un cantar de gesta español que relata las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid. Rodrigo Díaz de Vivar nació cerca de Burgos a mediados del s. XI y sirvió a Sancho II de Castilla y luego a Alfonso VI de Castilla y León. Tras un desencuentro con su soberano, partió al exilio y pasó a servir al rey musulmán de Zaragoza. Hacia el año 1086, Rodrigo Díaz se reconcilió con Alfonso VI, pero luego volvió a incurrir en la ira del rey. Desterrado nuevamente, salió de tierras cristianas y conquistó Valencia, donde murió en paz el año 1099 (Fletcher 107-185). El Cid, como figura histórica, fue muy importante al poco tiempo de haber muerto (Campbell 6). Puede notarse que la crónica narrada en la historia del Cid, la Historia Roderici (c. 1125), es una de las primeras biografías que cuenta la vida de un laico que no sea un rey o un santo (Barton y Fletcher, 2000: 90). Además, el Poema (c.1200) es la primera obra extensa de la narrativa española en lengua romance. Es también el único poema épico español que se conserva casi por completo. La composición del Poema de Mío Cid¸ como el Cid mismo, se enmarca en la España de la Reconquista, una sociedad compleja, dividida FEDERICO GARCÍA LARRAÍN · EL HONOR EN EL POEMA DE MÍO CID · 99 en reinos independientes. El Cid de la realidad histórica no coincide plenamente con el del Poema, sujeto al ideal de caballero cristiano, fiel a su señor. Esta diferencia entre ambos puede deberse a motivos puramente literarios, como a necesidades políticas y militares de la época: un héroe cristiano serviría de modelo e impulso en la Reconquista (Linehan 47). Desde esta perspectiva, resulta interesante investigar el concepto del honor, como un aspecto del Poema relevante en la sociedad de la época en que fue escrito. 2. La importancia del honor en el Poema del Mío Cid Distintos autores discuten el lugar que ocupa el honor en el Poema de Mío Cid. Pedro Salinas dice en su ensayo “El Cantar de Mío Cid, Poema de la Honra” (42) que el tema principal del Cid es el honor, mientras que Colin Smith afirma que el Poema trata principalmente del derecho (Estudios cidianos 65). Sea o no el tema principal, el honor es sin duda importante en esta obra; a lo largo de la misma hay setenta referencias al honor, la honra y la deshonra. Aunque las posiciones de autores como Salinas y Smith son diferentes, no son totalmente opuestas, ya que honor y derecho son conceptos relacionados, tanto en la realidad como en el Poema. Esto se ve en el final de las Cortes de Toledo, cuando el honor del Cid es, en parte, restituido por el derecho. 3. El concepto de honor en el Poema del Mío Cid No es fácil definir con exactitud en qué consiste el honor. En el presente estudio se intentará aclarar dicho concepto, según como aparece en el Poema de Mío Cid. Las palabras usadas para referirse al honor son “onor”, “ondra” y “ondrança”; y para referirse a la deshonra, “biltança”. En el glosario al final de su edición del Poema, Smith define “onor” como “heredades”, “feudos”, “tierras”; y “ondrança” como “honra”, que sería 100 · REVISTA DE HUMANIDADES Nº30 (JULIO-DICIEMBRE 2014): 97-108 equivalente a “ondra”. El adjetivo “ondrado” es entendido como “digno”, “honrado”, “bueno”, “excelente”, “espléndido”. Además, en la introducción al Poema, menciona que en tiempos del Cid los conceptos de “onor” y “ondra” no estaban diferenciados (82). Sin embargo, la lectura del Poema de Mío Cid indica que “onor” tiene un significado más amplio que “heredades”, “feudos”, “tierras”. Smith no define “ondra” en su glosario, pero el concepto de la honra, como se ve en la lectura del Poema, está ligado al concepto del honor. Hay muchas referencias al honor en el Poema, a través de diferentes palabras. El significado de ellas varía según el contexto en que son usadas y no todas se refieren al honor como algo relacionado a la fama o a la virtud, que es una de las acepciones más corrientes. Por ejemplo, en los versos 289, 887 y 2565, “onor” es usado en el sentido de tierras o heredades, como indica Smith, y como también nota Pavlovic (Textos épicos castellanos 104-106). Se distingue el honor personal, público y también el honor en cuanto posesiones materiales de la persona. Estas posesiones materiales, indica Fuentes (163), pueden tener también un valor simbólico, que remiten a los otros significados de honor. Esto puede verse en los versos 1888, 1905, 1934, 2198, 2495: el uso de “onor” y “ondra” es algo ambiguo, no está claro si el poeta se refiere a tierras o a algún bien intangible como la fama. El verso 3413 (“ca creçe vos i ondra e tierra e onor”) es más interesante, ya que se puede suponer que el autor del Poema hace una distinción entre “tierra”, “ondra” y “onor” al usar tres palabras diferentes, aunque también podría estarse repitiendo. Si se comparan los versos 2015 (“recibir lo salen, con tan grand onor”) y 3111 (“a grand ondra lo reciben, al que en buena ora naçio”), se puede ver que “onor” y “ondra” pueden ser equivalentes. Las circunstancias en que se usan “onor” y “ondra” son las mismas: el rey don Alfonso saliendo a recibir al Cid. El adjetivo “ondrado”, u “ondrada” según sea el caso, lo usa el Cid para referirse a su mujer, doña Jimena (“mugier ondrada”) en los versos 1604, 1647, 2187. También lo usan el poeta y algunos personajes para referirse al Cid y al rey don Alfonso. Al comienzo del Poema, lo usa el judío Rachel pidiendo al Cid que le obsequie con “una piel vermeja morisca e FEDERICO GARCÍA LARRAÍN · EL HONOR EN EL POEMA DE MÍO CID · 101 ondrada” (verso 179). En este último ejemplo, el adjetivo obviamente no significa lo mismo que en los casos anteriores, sino que hace referencia a la fama u honra que recibirá quien use dicha piel. De todos los usos de “onor” y “ondra”, el que resalta, más allá de tierras y heredades, es el honor concebido como un bien espiritual que debe defenderse y aumentarse, que puede perderse, incluso por las acciones de otros, y en esto es de alguna manera diferente a la sola reputación o buen nombre. Existe un honor personal, pero, al ser un bien participado, se extiende al ámbito familiar, como se ve en el episodio de la Afrenta de Corpes y como nota Montaner (29) al refererirse a la presencia simbólica del Cid en sus seguidores, y cómo al ser estos honrados, lo es también el Cid. En los versos 14 y 14b del Poema, el Cid le dice a Álvar Fañez: albricia Alvar Fañez ca echados somos de tierra mas a grand ondra tornaremos a Castiella El verso 14b es una reconstrucción de Ramón Menéndez Pidal, y no está presente en la edición de Smith. Suponiendo que esta reconstrucción de Menéndez Pidal es correcta, se puede decir que al ser desterrado, el Cid ha perdido algo y espera recuperarlo. El Cid dice que volverá a Castilla con más “ondra”, pero no es claro en qué consiste exactamente ello. En el Poema de Mío Cid, el honor, como dice Smith, no tiene un matiz sexual (cómo en los dramas de Calderón de la Barca, o algunas historias de las Mil y una Noches), sino más bien se refiere al rango o posición social (Poema del Mío Cid 82). Se puede agregar que está también relacionado con el orgullo de cada persona. Gustavo Correa analiza el honor desde la perspectiva de las relaciones señor-vasallo entre el Cid y el rey don Alfonso (1952). Su tesis es que, dado que el honor proviene del rey, el Cid recupera su honra perdida, gradualmente a medida que, poco a poco, recupera el amor del rey. Al final del Poema, el Cid alcanza tal honra que supera al rey, y es él quien hace entrega de ella en vez de Alfonso su señor (verso 3725: “a todos alcalnça la honra del que en buena hora naçio”). 102 · REVISTA DE HUMANIDADES Nº30 (JULIO-DICIEMBRE 2014): 97-108 Sin embargo, Correa no define qué es el honor. En su argumento, la primera referencia al honor (o a la honra, considerando ambos términos equivalentes), está en el destierro del Cid. El Cid, al perder el amor del rey, al incurrir en la ira regia, pierde también tierras, bienes muebles y honra, como menciona María Eugenia Lacarra (14-16). Respecto de Correa, se puede notar, sin embargo, que ciertas acciones que ocurren en el Poema no están dentro de la relación señor-vasallo entre el rey Alfonso y el Cid, por lo que pueden ayudar a ampliar y comprender mejor el concepto del honor. Un episodio que puede resultar iluminador es la derrota del Conde de Barcelona por el Cid y la conducta de ambos adversarios (versos 1000- 1075). El Conde, humillado por haber sido vencido y hecho prisionero por el Cid, se niega a comer pese a la insistencia de este: quiere morir. El Conde don Remont Verengel pronuncia unas líneas muy interesantes en los versos 1021 al 1023: Non combre un bocado por quanta ha en toda España, Antes perdere el cuerpo e dexare el alma Pues tales malcalçados me vençieron de batalla. Es claro que la humillación, la deshonra de haber perdido la batalla, es peor que la muerte. El honor, en este caso, es un bien muy querido y muy similar al orgullo personal, va más allá del solo buen nombre de una persona, y es claramente el bien más importante que se puede poseer. El Cid, sin embargo, no quiere la humillación de don Remont Verengel, y no toma su triunfo como algo personal en contra de este. El Cid necesita del botín para sobrevivir, nada más (versos 1041-1045). El Cid anima al Conde a que coma y a que no se sienta ofendido. A cambio de que coma, don Ramón lleva tres días sin probar bocado, el Cid promete al Conde su libertad, la de dos de sus vasallos y lo ayuda. El Conde de Barcelona, maravillado con la magnanimidad del Cid, asiente y ambos caballeros parten en amistad (versos 1049-1076). FEDERICO GARCÍA LARRAÍN · EL HONOR EN EL POEMA DE MÍO CID · 103 Se pueden discernir aquí dos elementos del honor, uno por parte del sujeto a quien la honra se refiere y otro por parte de quien la da y quita. El Conde se siente deshonrado, aun cuando el Cid no tenía esa intención al vencerlo. La batalla no tenía un carácter de enfrentamiento personal (a diferencia de los duelos al final del Poema). El ser derrotado en el campo de batalla trae consigo deshonra y, por tanto, el Conde se siente humillado y quiere morir, pues es mejor no vivir que vivir en deshonra. Este gesto muestra al Conde como un personaje orgulloso, pero a la vez noble, en tanto la vida no es para él un bien supremo. Sin embargo, el Cid no quiere la destrucción del Conde ni quiere directamente su deshonra. Podría decirse que el Cid, al animar a don Remont a que coma, a que viva, le dice que no todo está perdido, restituyéndole el honor. Sin embargo, como nos dice el Poeta en el verso 1011 (“i bencio esta batalla por o ondro su barba”), el Cid se honró en esta batalla y don Remont quedó en un plano inferior. Otro elemento recurrente en el Poema, relacionado con el honor, que se puede notar en este episodio, es el de la barba. Además del verso 1011, hay en el Poema al menos veinte referencias a la barba. Menéndez Pidal dice que mesar la barba al adversario era un insulto gravísimo y causaba enemistad perpetua (260). Lacarra nota que el castigo por mesar la barba era equivalente al castigo dado al que castraba a otro (91). Esto es mencionado en relación a la ocasión, anterior al destierro, en la que el Cid mesó la barba al Conde de Nájera. La barba es en el Poema un símbolo del honor personal y cualquier insulto a ella es muy grave, porque el honor es un bien más preciado que la vida. El Cid, siendo un personaje muy honrado, tiene una larga barba que nadie ha mesado (verso 3186), y que simboliza su gran honor. Smith indica que este rasgo era en la Edad Media un símbolo de virilidad, honor y autoridad (Estudios citadinos 261). Al final del primer Cantar del Poema se puede ver, además del tema de la barba, otro elemento a nuestro parecer muy importante: cómo se honró el Cid. Ello se produjo por medio de acciones concretas, en este caso, venciendo una batalla. Si las batallas son de cristianos contra cristianos, los vencidos pierden honor. Si son contra moros, el vencedor es honrado por 104 · REVISTA DE HUMANIDADES Nº30 (JULIO-DICIEMBRE 2014): 97-108 sus acciones, pero no se menciona que los moros sean deshonrados, pues no forman parte de la “sociedad de la honra” de la cual habla Salinas (35). El Cid va recuperando su honra (el favor del rey, en este caso) poco a poco, a medida que obtiene victorias en territorio de Moros, hasta que finalmente es perdonado por el rey a orillas del río Tajo. En este episodio, el Cid se humilla ante su señor (versos 2021 a 2024): los inojos e las manos en tierras los finco, las yerbas del campo a dientes las tomo lorando de los ojos, tanto avie el gozo mayor ai sabe dar omildança a Alfonsso so señor. Este episodio se puede comparar con aquel, en el cual el líder Normando Rollón, al jurar fidelidad al rey de Francia se negó a besarle el pie. Ordenó a uno de sus hombres a que lo hiciera en su lugar, quien sin inclinarse, tomó el pie del rey y lo besó, mientras el rey de Francia caía de espaldas (Holden 54). Para Rollón, humillarse ante el rey era algo impensable, ya que iba en contra de su orgullo, de su honor. Pero el Cid es buen vasallo, como menciona el Poema (verso 20: “¡Dios, que buen vassalo! ¡Si oviesse buen señor!”), y humillarse ante su señor no le quita honor, al contrario, es una virtud, pues es el rey quien da honor. Salinas dice que “el rey es la cabeza de esa sociedad de la honra; él da y quita honor, él pone y depone honrados . . . Aunque las gentes vayan devolviendo al Cid su buena opinión, aún sigue su persona incompleta dentro del orden del honor, mientras el rey que le condenó a perderlo no se lo restituya públicamente” (35) Correa indica también que los hechos del Cid son “hechos gloriosos que por sí solos son creadores de honra pero que únicamente cobran su significado esencial en nuestro Poema en la medida del acercamiento del Cid al soberano” (198). El rey perdona al Cid en el verso 2034 (“Aqui vos perdono e dovos mi amor”) y el Cid recupera su honra perdida al comienzo del Poema, o mejor dicho, la honra ganada en sus hechos de armas es legitimada por el rey. Cuando el Cid es reintegrado a la sociedad (cuando el vínculo vasallo-señor es rehecho), también lo es su honra. FEDERICO GARCÍA LARRAÍN · EL HONOR EN EL POEMA DE MÍO CID · 105 4. Otros elementos del honor en el Poema de Mío Cid Los anti-héroes del Poema, los enemigos del Cid, tienen un concepto diferente de la honra. Para los Infantes de Carrión la honra es algo heredado, basado en la sangre, en la alcurnia. Esta concepción del honor no es completamente errónea, ya que, como se verá más adelante, la honra se comparte y transmite a los miembros de la sociedad. Pero está claro que alcurnia no basta. Los Infantes de Carrión son miembros de una familia importante (Lacarra 141), no son infanzones como el Cid, pero no tienen nada más de que jactarse. Es más, están llenos de vicios: son cobardes, como queda comprobado en el episodio del león (versos 2280 a 2310) y en algunos otros; son traidores, pues planean la muerte del moro Avengalbón, amigo del Cid, quien les escoltó en el camino a Carrión; y son codiciosos, ya que desean la muerte del Moro para obtener sus riquezas (versos 2659 a 2664), y se casan con doña Elvira y doña Sol, hijas del Cid, con miras a aumentar su fortuna. Son la más completa antítesis del Cid, contrastan con su valor, lealtad y generosidad. No obstante, ellos se consideran superiores por su alcurnia (versos 3296 a 3300): ¡De natura somos de condes de Carrion! Deviemos casar con fijas de reyes o de enperadores Ca no perteneçien fijas de infançones. Por que las dexamos derecho fiziemos nos; Mas nos preciamos sabet, que menos no. Aún así, el poeta nos hace ver muy claramente que la honra del Cid es más alta que la de los Infantes. Es más, al final del Poema los enemigos del Cid quedan deshonrados. Las palabras y acciones de estos personajes tan viles pueden ayudar a discernir mejor algunas características del honor en el Poema de Mío Cid. Como se dijo anteriormente, la honra proveniente de la alcurnia no vale si no hay hechos honrosos, y se pierde con los vicios. También se puede notar que si la honra del Cid crece, la de sus enemigos disminuye, en las palabras del Conde don García ¡Maravilla es del Çid, que su ondra creçe tanto! En la ondra que el ha nos seremos abiltados. Esta honra, a la que se refiere el Conde de Nájera, está en directa relación con el favor del rey; si el Cid es favorecido por este sus enemigos serán deshonrados. Parece ser que no hay honra para todos en igual medida, lo cual es lógico, pues si se considera la honra en relación a la fama, es muy difícil que haya dos hombres igualmente famosos (u honrados): uno siempre excederá al otro. Se puede notar que los enemigos del Cid también son capaces de insultar al héroe de manera tal que le manchan su honra. Tal es el conocido episodio de la Afrenta de Corpes, en el Tercer Cantar. Podemos ver aquí también cómo se comparte la honra: las hijas del Cid fueron maltratadas por los Infantes de Carrión, sus esposos, pero es el Cid quien es insultado por esto, y el rey es también deshonrado, pues él aconsejó el mal acabado matrimonio (en el verso 2950 el Cid le dice al rey: “tienes por desondrado, pero la vuestra es mayor”). También son deshonrados quienes forman parte del séquito del Cid, especialmente sus sobrinos. El Cid recupera su honra primero en un juicio (las Cortes de Toledo) y también en los duelos al final del Poema. Si bien en el juicio el rey hizo justicia al Cid, este es un guerrero y no un jurista, por lo cual debe limpiar su honor definitivamente con un combate. Lacarra indica que “el riebto (reto) es la solución legal a los problemas planteados por el ataque a la honra o al honor” (79). A diferencia del Conde de Barcelona, los de Carrión prefieren escapar con vida, y se rinden ante los campeones del Cid (que habían dicho a su señor en el verso 3529: “¡Podedes oir de muertos ca de vençidos no!”). Después de recuperado el honor, el Poeta no relata otras hazañas del Cid, dice, en el verso 3725 que “a todos alcança ondra por el que en buena ora naçio”, y después informa de su muerte (versos 3726 - 3728). Una vez recuperada y aumentada su honra, al Cid no le queda nada más que hacer en esta vida y muere. · 107 En el verso 3725 se ve una vez más cómo la honra se puede comunicar a quienes son parte de la sociedad y cómo, en palabras de Correa, “el Cid es colocado a la par del personaje más honrado de la tierra”, en vista de que “el emperador se hallaba en el plano mas alto y era superior en atributos de honra a todos los hombres de la tierra” (188). Se puede ver “una escala más en el engrandecimiento del Cid, lo vemos a éste en los versos finales del Poema convertido en principio inmanente de honra. De él emana honra que cobija a todos los hombres de su pueblo” (199). 5. Conclusiones Como conclusión se puede decir, primero, que aun si el honor no es el tema principal del Poema de Mío Cid, es de gran importancia. El Cid comienza deshonrado, y muere en la más alta honra imaginable. Hay referencias al honor y la honra a lo largo de todo el Poema. En segundo lugar, podemos decir que el honor en el Poema de Mío Cid, es una posesión, (que podría caracterizarse como espiritual) tan real como las tierras y otros bienes materiales, y como éstos, no lo hay en igual medida para todos. Además, es la posesión más importante: vale más que la vida. El honor está relacionado con la reputación de la persona, (y por lo tanto con su fama) y por eso depende en varias formas de los demás (es algo social), pero en primer lugar depende del rey, que como “cabeza de la sociedad de la honra” (Salinas 35) lo da y quita. En la misma línea se puede notar que el honor de una persona se comunica a quienes le son cercanos. El honor se puede perder o manchar por insultos de distinta gravedad, por lo que éstos deben ser vengados. Finalmente, como se ha dicho anteriormente, el honor se comparte, pero resalta el Poema, más que nada, que el honor se gana. Sólo los hechos heroicos dan honor (sin ellos la alcurnia nada vale), y es el rey quien confirma el honor ganado en hazañas épicas. Sin duda que dejar estas cosas en claro era de vital importancia en una sociedad en guerra y tendiente a la fragmentación, como lo era la de los reinos españoles en la Reconquista.
Federico García Larraín
Universidad Católica de la Santísima Concepción Departamento de Filosofía Alonso de Ribera 2850 Concepción Chile fedgarcia@ucsc.cl Resumen En este estudio se analiza el uso que se da a al término honor en el Poema de Mío Cid, en relación a la realidad social del Cid Campeador. Se intenta mostrar que el honor, si bien tiene un significado primario relacionado con bienes materiales, principalmente tierras, va más allá de eso. Constituye este un bien intangible más importante que la vida, además de poder ganarse, aumentarse, perderse y compartirse. Palabras claves: Poema de Mío Cid, Cid Campeador, Honor, Sociedad del Honor, Reconquista. REVISTA DE HUMANIDADES Nº30 (JULIO-DICIEMBRE
Abstract In this paper the uses of the word honor in the Poem of the Cid are examined, in relation to the social reality of the Cid. It intends to show that honor, even though it has a primary meaning of material possessions, mainly land, goes further than that, being an immaterial good, more important than life itself, and it can be won, increased, lost and shared. Key words: Poem of the Cid, the Cid, Honor, Society of Honor, Spanish Reconquista. Recibido: 10/01/2014
Aceptado: 18/06/2014 1
. El contexto histórico del poema del Mío Cid El Poema de Mío Cid es un cantar de gesta español que relata las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid. Rodrigo Díaz de Vivar nació cerca de Burgos a mediados del s. XI y sirvió a Sancho II de Castilla y luego a Alfonso VI de Castilla y León. Tras un desencuentro con su soberano, partió al exilio y pasó a servir al rey musulmán de Zaragoza. Hacia el año 1086, Rodrigo Díaz se reconcilió con Alfonso VI, pero luego volvió a incurrir en la ira del rey. Desterrado nuevamente, salió de tierras cristianas y conquistó Valencia, donde murió en paz el año 1099 (Fletcher 107-185). El Cid, como figura histórica, fue muy importante al poco tiempo de haber muerto (Campbell 6). Puede notarse que la crónica narrada en la historia del Cid, la Historia Roderici (c. 1125), es una de las primeras biografías que cuenta la vida de un laico que no sea un rey o un santo (Barton y Fletcher, 2000: 90). Además, el Poema (c.1200) es la primera obra extensa de la narrativa española en lengua romance. Es también el único poema épico español que se conserva casi por completo. La composición del Poema de Mío Cid¸ como el Cid mismo, se enmarca en la España de la Reconquista, una sociedad compleja, dividida FEDERICO GARCÍA LARRAÍN · EL HONOR EN EL POEMA DE MÍO CID · 99 en reinos independientes. El Cid de la realidad histórica no coincide plenamente con el del Poema, sujeto al ideal de caballero cristiano, fiel a su señor. Esta diferencia entre ambos puede deberse a motivos puramente literarios, como a necesidades políticas y militares de la época: un héroe cristiano serviría de modelo e impulso en la Reconquista (Linehan 47). Desde esta perspectiva, resulta interesante investigar el concepto del honor, como un aspecto del Poema relevante en la sociedad de la época en que fue escrito. 2. La importancia del honor en el Poema del Mío Cid Distintos autores discuten el lugar que ocupa el honor en el Poema de Mío Cid. Pedro Salinas dice en su ensayo “El Cantar de Mío Cid, Poema de la Honra” (42) que el tema principal del Cid es el honor, mientras que Colin Smith afirma que el Poema trata principalmente del derecho (Estudios cidianos 65). Sea o no el tema principal, el honor es sin duda importante en esta obra; a lo largo de la misma hay setenta referencias al honor, la honra y la deshonra. Aunque las posiciones de autores como Salinas y Smith son diferentes, no son totalmente opuestas, ya que honor y derecho son conceptos relacionados, tanto en la realidad como en el Poema. Esto se ve en el final de las Cortes de Toledo, cuando el honor del Cid es, en parte, restituido por el derecho. 3. El concepto de honor en el Poema del Mío Cid No es fácil definir con exactitud en qué consiste el honor. En el presente estudio se intentará aclarar dicho concepto, según como aparece en el Poema de Mío Cid. Las palabras usadas para referirse al honor son “onor”, “ondra” y “ondrança”; y para referirse a la deshonra, “biltança”. En el glosario al final de su edición del Poema, Smith define “onor” como “heredades”, “feudos”, “tierras”; y “ondrança” como “honra”, que sería 100 · REVISTA DE HUMANIDADES Nº30 (JULIO-DICIEMBRE 2014): 97-108 equivalente a “ondra”. El adjetivo “ondrado” es entendido como “digno”, “honrado”, “bueno”, “excelente”, “espléndido”. Además, en la introducción al Poema, menciona que en tiempos del Cid los conceptos de “onor” y “ondra” no estaban diferenciados (82). Sin embargo, la lectura del Poema de Mío Cid indica que “onor” tiene un significado más amplio que “heredades”, “feudos”, “tierras”. Smith no define “ondra” en su glosario, pero el concepto de la honra, como se ve en la lectura del Poema, está ligado al concepto del honor. Hay muchas referencias al honor en el Poema, a través de diferentes palabras. El significado de ellas varía según el contexto en que son usadas y no todas se refieren al honor como algo relacionado a la fama o a la virtud, que es una de las acepciones más corrientes. Por ejemplo, en los versos 289, 887 y 2565, “onor” es usado en el sentido de tierras o heredades, como indica Smith, y como también nota Pavlovic (Textos épicos castellanos 104-106). Se distingue el honor personal, público y también el honor en cuanto posesiones materiales de la persona. Estas posesiones materiales, indica Fuentes (163), pueden tener también un valor simbólico, que remiten a los otros significados de honor. Esto puede verse en los versos 1888, 1905, 1934, 2198, 2495: el uso de “onor” y “ondra” es algo ambiguo, no está claro si el poeta se refiere a tierras o a algún bien intangible como la fama. El verso 3413 (“ca creçe vos i ondra e tierra e onor”) es más interesante, ya que se puede suponer que el autor del Poema hace una distinción entre “tierra”, “ondra” y “onor” al usar tres palabras diferentes, aunque también podría estarse repitiendo. Si se comparan los versos 2015 (“recibir lo salen, con tan grand onor”) y 3111 (“a grand ondra lo reciben, al que en buena ora naçio”), se puede ver que “onor” y “ondra” pueden ser equivalentes. Las circunstancias en que se usan “onor” y “ondra” son las mismas: el rey don Alfonso saliendo a recibir al Cid. El adjetivo “ondrado”, u “ondrada” según sea el caso, lo usa el Cid para referirse a su mujer, doña Jimena (“mugier ondrada”) en los versos 1604, 1647, 2187. También lo usan el poeta y algunos personajes para referirse al Cid y al rey don Alfonso. Al comienzo del Poema, lo usa el judío Rachel pidiendo al Cid que le obsequie con “una piel vermeja morisca e FEDERICO GARCÍA LARRAÍN · EL HONOR EN EL POEMA DE MÍO CID · 101 ondrada” (verso 179). En este último ejemplo, el adjetivo obviamente no significa lo mismo que en los casos anteriores, sino que hace referencia a la fama u honra que recibirá quien use dicha piel. De todos los usos de “onor” y “ondra”, el que resalta, más allá de tierras y heredades, es el honor concebido como un bien espiritual que debe defenderse y aumentarse, que puede perderse, incluso por las acciones de otros, y en esto es de alguna manera diferente a la sola reputación o buen nombre. Existe un honor personal, pero, al ser un bien participado, se extiende al ámbito familiar, como se ve en el episodio de la Afrenta de Corpes y como nota Montaner (29) al refererirse a la presencia simbólica del Cid en sus seguidores, y cómo al ser estos honrados, lo es también el Cid. En los versos 14 y 14b del Poema, el Cid le dice a Álvar Fañez: albricia Alvar Fañez ca echados somos de tierra mas a grand ondra tornaremos a Castiella El verso 14b es una reconstrucción de Ramón Menéndez Pidal, y no está presente en la edición de Smith. Suponiendo que esta reconstrucción de Menéndez Pidal es correcta, se puede decir que al ser desterrado, el Cid ha perdido algo y espera recuperarlo. El Cid dice que volverá a Castilla con más “ondra”, pero no es claro en qué consiste exactamente ello. En el Poema de Mío Cid, el honor, como dice Smith, no tiene un matiz sexual (cómo en los dramas de Calderón de la Barca, o algunas historias de las Mil y una Noches), sino más bien se refiere al rango o posición social (Poema del Mío Cid 82). Se puede agregar que está también relacionado con el orgullo de cada persona. Gustavo Correa analiza el honor desde la perspectiva de las relaciones señor-vasallo entre el Cid y el rey don Alfonso (1952). Su tesis es que, dado que el honor proviene del rey, el Cid recupera su honra perdida, gradualmente a medida que, poco a poco, recupera el amor del rey. Al final del Poema, el Cid alcanza tal honra que supera al rey, y es él quien hace entrega de ella en vez de Alfonso su señor (verso 3725: “a todos alcalnça la honra del que en buena hora naçio”). 102 · REVISTA DE HUMANIDADES Nº30 (JULIO-DICIEMBRE 2014): 97-108 Sin embargo, Correa no define qué es el honor. En su argumento, la primera referencia al honor (o a la honra, considerando ambos términos equivalentes), está en el destierro del Cid. El Cid, al perder el amor del rey, al incurrir en la ira regia, pierde también tierras, bienes muebles y honra, como menciona María Eugenia Lacarra (14-16). Respecto de Correa, se puede notar, sin embargo, que ciertas acciones que ocurren en el Poema no están dentro de la relación señor-vasallo entre el rey Alfonso y el Cid, por lo que pueden ayudar a ampliar y comprender mejor el concepto del honor. Un episodio que puede resultar iluminador es la derrota del Conde de Barcelona por el Cid y la conducta de ambos adversarios (versos 1000- 1075). El Conde, humillado por haber sido vencido y hecho prisionero por el Cid, se niega a comer pese a la insistencia de este: quiere morir. El Conde don Remont Verengel pronuncia unas líneas muy interesantes en los versos 1021 al 1023: Non combre un bocado por quanta ha en toda España, Antes perdere el cuerpo e dexare el alma Pues tales malcalçados me vençieron de batalla. Es claro que la humillación, la deshonra de haber perdido la batalla, es peor que la muerte. El honor, en este caso, es un bien muy querido y muy similar al orgullo personal, va más allá del solo buen nombre de una persona, y es claramente el bien más importante que se puede poseer. El Cid, sin embargo, no quiere la humillación de don Remont Verengel, y no toma su triunfo como algo personal en contra de este. El Cid necesita del botín para sobrevivir, nada más (versos 1041-1045). El Cid anima al Conde a que coma y a que no se sienta ofendido. A cambio de que coma, don Ramón lleva tres días sin probar bocado, el Cid promete al Conde su libertad, la de dos de sus vasallos y lo ayuda. El Conde de Barcelona, maravillado con la magnanimidad del Cid, asiente y ambos caballeros parten en amistad (versos 1049-1076). FEDERICO GARCÍA LARRAÍN · EL HONOR EN EL POEMA DE MÍO CID · 103 Se pueden discernir aquí dos elementos del honor, uno por parte del sujeto a quien la honra se refiere y otro por parte de quien la da y quita. El Conde se siente deshonrado, aun cuando el Cid no tenía esa intención al vencerlo. La batalla no tenía un carácter de enfrentamiento personal (a diferencia de los duelos al final del Poema). El ser derrotado en el campo de batalla trae consigo deshonra y, por tanto, el Conde se siente humillado y quiere morir, pues es mejor no vivir que vivir en deshonra. Este gesto muestra al Conde como un personaje orgulloso, pero a la vez noble, en tanto la vida no es para él un bien supremo. Sin embargo, el Cid no quiere la destrucción del Conde ni quiere directamente su deshonra. Podría decirse que el Cid, al animar a don Remont a que coma, a que viva, le dice que no todo está perdido, restituyéndole el honor. Sin embargo, como nos dice el Poeta en el verso 1011 (“i bencio esta batalla por o ondro su barba”), el Cid se honró en esta batalla y don Remont quedó en un plano inferior. Otro elemento recurrente en el Poema, relacionado con el honor, que se puede notar en este episodio, es el de la barba. Además del verso 1011, hay en el Poema al menos veinte referencias a la barba. Menéndez Pidal dice que mesar la barba al adversario era un insulto gravísimo y causaba enemistad perpetua (260). Lacarra nota que el castigo por mesar la barba era equivalente al castigo dado al que castraba a otro (91). Esto es mencionado en relación a la ocasión, anterior al destierro, en la que el Cid mesó la barba al Conde de Nájera. La barba es en el Poema un símbolo del honor personal y cualquier insulto a ella es muy grave, porque el honor es un bien más preciado que la vida. El Cid, siendo un personaje muy honrado, tiene una larga barba que nadie ha mesado (verso 3186), y que simboliza su gran honor. Smith indica que este rasgo era en la Edad Media un símbolo de virilidad, honor y autoridad (Estudios citadinos 261). Al final del primer Cantar del Poema se puede ver, además del tema de la barba, otro elemento a nuestro parecer muy importante: cómo se honró el Cid. Ello se produjo por medio de acciones concretas, en este caso, venciendo una batalla. Si las batallas son de cristianos contra cristianos, los vencidos pierden honor. Si son contra moros, el vencedor es honrado por 104 · REVISTA DE HUMANIDADES Nº30 (JULIO-DICIEMBRE 2014): 97-108 sus acciones, pero no se menciona que los moros sean deshonrados, pues no forman parte de la “sociedad de la honra” de la cual habla Salinas (35). El Cid va recuperando su honra (el favor del rey, en este caso) poco a poco, a medida que obtiene victorias en territorio de Moros, hasta que finalmente es perdonado por el rey a orillas del río Tajo. En este episodio, el Cid se humilla ante su señor (versos 2021 a 2024): los inojos e las manos en tierras los finco, las yerbas del campo a dientes las tomo lorando de los ojos, tanto avie el gozo mayor ai sabe dar omildança a Alfonsso so señor. Este episodio se puede comparar con aquel, en el cual el líder Normando Rollón, al jurar fidelidad al rey de Francia se negó a besarle el pie. Ordenó a uno de sus hombres a que lo hiciera en su lugar, quien sin inclinarse, tomó el pie del rey y lo besó, mientras el rey de Francia caía de espaldas (Holden 54). Para Rollón, humillarse ante el rey era algo impensable, ya que iba en contra de su orgullo, de su honor. Pero el Cid es buen vasallo, como menciona el Poema (verso 20: “¡Dios, que buen vassalo! ¡Si oviesse buen señor!”), y humillarse ante su señor no le quita honor, al contrario, es una virtud, pues es el rey quien da honor. Salinas dice que “el rey es la cabeza de esa sociedad de la honra; él da y quita honor, él pone y depone honrados . . . Aunque las gentes vayan devolviendo al Cid su buena opinión, aún sigue su persona incompleta dentro del orden del honor, mientras el rey que le condenó a perderlo no se lo restituya públicamente” (35) Correa indica también que los hechos del Cid son “hechos gloriosos que por sí solos son creadores de honra pero que únicamente cobran su significado esencial en nuestro Poema en la medida del acercamiento del Cid al soberano” (198). El rey perdona al Cid en el verso 2034 (“Aqui vos perdono e dovos mi amor”) y el Cid recupera su honra perdida al comienzo del Poema, o mejor dicho, la honra ganada en sus hechos de armas es legitimada por el rey. Cuando el Cid es reintegrado a la sociedad (cuando el vínculo vasallo-señor es rehecho), también lo es su honra. FEDERICO GARCÍA LARRAÍN · EL HONOR EN EL POEMA DE MÍO CID · 105 4. Otros elementos del honor en el Poema de Mío Cid Los anti-héroes del Poema, los enemigos del Cid, tienen un concepto diferente de la honra. Para los Infantes de Carrión la honra es algo heredado, basado en la sangre, en la alcurnia. Esta concepción del honor no es completamente errónea, ya que, como se verá más adelante, la honra se comparte y transmite a los miembros de la sociedad. Pero está claro que alcurnia no basta. Los Infantes de Carrión son miembros de una familia importante (Lacarra 141), no son infanzones como el Cid, pero no tienen nada más de que jactarse. Es más, están llenos de vicios: son cobardes, como queda comprobado en el episodio del león (versos 2280 a 2310) y en algunos otros; son traidores, pues planean la muerte del moro Avengalbón, amigo del Cid, quien les escoltó en el camino a Carrión; y son codiciosos, ya que desean la muerte del Moro para obtener sus riquezas (versos 2659 a 2664), y se casan con doña Elvira y doña Sol, hijas del Cid, con miras a aumentar su fortuna. Son la más completa antítesis del Cid, contrastan con su valor, lealtad y generosidad. No obstante, ellos se consideran superiores por su alcurnia (versos 3296 a 3300): ¡De natura somos de condes de Carrion! Deviemos casar con fijas de reyes o de enperadores Ca no perteneçien fijas de infançones. Por que las dexamos derecho fiziemos nos; Mas nos preciamos sabet, que menos no. Aún así, el poeta nos hace ver muy claramente que la honra del Cid es más alta que la de los Infantes. Es más, al final del Poema los enemigos del Cid quedan deshonrados. Las palabras y acciones de estos personajes tan viles pueden ayudar a discernir mejor algunas características del honor en el Poema de Mío Cid. Como se dijo anteriormente, la honra proveniente de la alcurnia no vale si no hay hechos honrosos, y se pierde con los vicios. También se puede notar que si la honra del Cid crece, la de sus enemigos disminuye, en las palabras del Conde don García ¡Maravilla es del Çid, que su ondra creçe tanto! En la ondra que el ha nos seremos abiltados. Esta honra, a la que se refiere el Conde de Nájera, está en directa relación con el favor del rey; si el Cid es favorecido por este sus enemigos serán deshonrados. Parece ser que no hay honra para todos en igual medida, lo cual es lógico, pues si se considera la honra en relación a la fama, es muy difícil que haya dos hombres igualmente famosos (u honrados): uno siempre excederá al otro. Se puede notar que los enemigos del Cid también son capaces de insultar al héroe de manera tal que le manchan su honra. Tal es el conocido episodio de la Afrenta de Corpes, en el Tercer Cantar. Podemos ver aquí también cómo se comparte la honra: las hijas del Cid fueron maltratadas por los Infantes de Carrión, sus esposos, pero es el Cid quien es insultado por esto, y el rey es también deshonrado, pues él aconsejó el mal acabado matrimonio (en el verso 2950 el Cid le dice al rey: “tienes por desondrado, pero la vuestra es mayor”). También son deshonrados quienes forman parte del séquito del Cid, especialmente sus sobrinos. El Cid recupera su honra primero en un juicio (las Cortes de Toledo) y también en los duelos al final del Poema. Si bien en el juicio el rey hizo justicia al Cid, este es un guerrero y no un jurista, por lo cual debe limpiar su honor definitivamente con un combate. Lacarra indica que “el riebto (reto) es la solución legal a los problemas planteados por el ataque a la honra o al honor” (79). A diferencia del Conde de Barcelona, los de Carrión prefieren escapar con vida, y se rinden ante los campeones del Cid (que habían dicho a su señor en el verso 3529: “¡Podedes oir de muertos ca de vençidos no!”). Después de recuperado el honor, el Poeta no relata otras hazañas del Cid, dice, en el verso 3725 que “a todos alcança ondra por el que en buena ora naçio”, y después informa de su muerte (versos 3726 - 3728). Una vez recuperada y aumentada su honra, al Cid no le queda nada más que hacer en esta vida y muere. · 107 En el verso 3725 se ve una vez más cómo la honra se puede comunicar a quienes son parte de la sociedad y cómo, en palabras de Correa, “el Cid es colocado a la par del personaje más honrado de la tierra”, en vista de que “el emperador se hallaba en el plano mas alto y era superior en atributos de honra a todos los hombres de la tierra” (188). Se puede ver “una escala más en el engrandecimiento del Cid, lo vemos a éste en los versos finales del Poema convertido en principio inmanente de honra. De él emana honra que cobija a todos los hombres de su pueblo” (199). 5. Conclusiones Como conclusión se puede decir, primero, que aun si el honor no es el tema principal del Poema de Mío Cid, es de gran importancia. El Cid comienza deshonrado, y muere en la más alta honra imaginable. Hay referencias al honor y la honra a lo largo de todo el Poema. En segundo lugar, podemos decir que el honor en el Poema de Mío Cid, es una posesión, (que podría caracterizarse como espiritual) tan real como las tierras y otros bienes materiales, y como éstos, no lo hay en igual medida para todos. Además, es la posesión más importante: vale más que la vida. El honor está relacionado con la reputación de la persona, (y por lo tanto con su fama) y por eso depende en varias formas de los demás (es algo social), pero en primer lugar depende del rey, que como “cabeza de la sociedad de la honra” (Salinas 35) lo da y quita. En la misma línea se puede notar que el honor de una persona se comunica a quienes le son cercanos. El honor se puede perder o manchar por insultos de distinta gravedad, por lo que éstos deben ser vengados. Finalmente, como se ha dicho anteriormente, el honor se comparte, pero resalta el Poema, más que nada, que el honor se gana. Sólo los hechos heroicos dan honor (sin ellos la alcurnia nada vale), y es el rey quien confirma el honor ganado en hazañas épicas. Sin duda que dejar estas cosas en claro era de vital importancia en una sociedad en guerra y tendiente a la fragmentación, como lo era la de los reinos españoles en la Reconquista.
6 B| Información sobre el teatro de O Neill
INTRODUCCIÒN
A EUGENE O´NEILL
Jorge Albistur en
un capìtulo de su libro “Literatura del siglo XX” dedica al teatro algunas
consideraciones muy interesantes. Señala que todos sabemos que desde los
tiempos de los griegos la pieza teatral fue un
asunto prioritario de las poéticas, siempre se creyò que eran posible
discernir ciertas reglas que limitasen su libertad. Quizás por haber crecido en
vecindad con las preceptivas, el teatro estuvo siempre en el centro de las
polémicas, y baastaría revisar los siglos clásicos en Francia y España para
apreciar la magnitud de estas controversias. En el siglo actual , se rinde
culto a la libertad.Ya no se discute si debe respetarse la unidad de lugar, ni
la de tiempo, pero sí se pone en tela de
juicio otro aspecto más significativo: el concepto mismo de la acción
dramática.
El teatro ha
desarrollado durante los últimos años del siglo XX un gran desarrollo y una
clara competencia entre el cine y la televisión.
El autor cita las
diferentes concepciones teatrales que representan el amplìsimo espectro en
cuanto al teatro de nuestro siglo: el teatro realista , el teatro no
ilusionista, el teatro dentro del teatro, el expresionismo, el teatro poético o
simbólico , el teatro existencialista y el teatro del absurdo
Sería interesante que el alumno
realizara un breve recorrido por estas diferentes concepciones teatrales, como
la extesiòn del proyecto no lo permite se sugiere abordar el libro citadno
anteriormente Jorge Albistur: Literatura del siglo XX:.
En cuanto a la ubicación del autor en el panorama del
teatro norteamericano ,se señala que
extraña divisiòn entre la recepciòn del público y la de la crìtica, esta última
se ha divorciado del gusto de los espectadores y considera a los dramaturgos
más aclamados como taquilleros que sacrifican temas y formas al interés
comercial. Es así que en el caso de muchos críticos la figura de Eugene O¨Neill (1888 1953) casi
no aparece.
Si es cierto que
es el teatro comercial el que retrata costumbres sociales y la protesta contra
el orden social y contra la condiciòn humana es una de las características del
nuevo drama norteamericano. En el caso de
O¨Neill es lo que primero aflora en cada una de sus obras y en todas las èocas,
la de los dramas marinos, los dramas sobrenaturalistas y los simbolistas.Técnica y temáticamente el
autor está proximo a sus colegaseuropeos. El dramaturgo francés jean Tardiue
revitalizará a fines del 40, el drama en un solo acto, como lo hará el autor en
varias de sus obras, entre ellas la que proponemos “Antes del desayuno”.
Según Wellwarth
dicha estructura “ha sido siempre una especie de cenicienta teatral” ,después
del “entremés”del siglo XVII su período más popular fue el siglo XIX en que
todas las representaciones iban precedidas de una pieza de un solo acto y a
menudo seguida de otras. Generalmente se trataba de comedias. Nadie las tomaba
en serio, ni los empresarios, ni los intérpretes, ni el público, ni desde luego
los autores quesolìan estar muy mal pagos. Se daba por sentado que el prólogo
no tenía otro objeto que proporcionar a los concurrentes celebres la
satisfacciòn de causar expectación con
su entrada sin perderse parte de la atracción principal.
En cuanto a su
concepción teatral se reconócela autor como un expresionista “el drama
expresionista notablemente rico aunque
fugaz irradio estìmulos fuera de Europa especialmente absorbidos por O¨Neill.” Es así que Rodolfo Modern cita algunos rasgos
del expresionismo presente en la obra de este autor norteamericano:
Personasque
actúan en función de “Tipos”.
Acción sintética
y tensa.
Abundancia de
monógos.
Escenografìa
expresionista apoyando la acción dramática.
Presencia de
elementos lìricos (misterio,
musicalidad)
Resurrección de
los viejo unidocon la renovación.
Retorno del
género religioso.
Empleo de
pantomimas y marionetas, farsa y grotesco.
Técnica de
sucesiòn de cuadros y escenas.
El autor
ataca en su obra “una conciencia
fosilizada, muerta en realidad y la autocontemplaciòn de una burguesìa
superficial. La gran tragedia que los personajes expresan reside precisamente en que la
adopción del idealismo predicado conduce irremediablemente a la desesperación a
la locura, e inclusive a la acciòn criminal. Es éste el padecimiento de los
personajes o¨neillianos.
Según Jorge
Albistur entre las corrientes menos dóciles a concebir al teatro como espejo de
la vida se cita al expresionismo, lejos del realismo esta modalidad supuso una
estilizaciòn de larealidad, es decir su representación con arreglo a un
determinado patrón artístico. Y así como en otras tendencias se tiende a
embellecer todo aquì todo conduce hacia un feísmo. La exageración, la
caricatura, lo que deforma a la figura original,, todo esto surge como
consecuencia de la gran crsiis alemana en la primera postguerra.
6°B1 ANTES DEL DESAYUNO. EUGENE O NEILL (comopleto)
ANTES
DEL DESAYUNO.
Escenario: una
pequeña habitación que sirve a un tiempo de cocina y de comedor en un
departamento de la calle Christopher, en
Nueva York. A foro, una puerta que lleva al vestíbulo. A la izquierda de la
puerta, una pileta y una cocina de gas de dos mecheros Mas allá de la cocina y
hacia la pared de la izquierda, un armario de madera para platos, etc. A la
izquierda, dos ventanas que dan sobre una escalera de emergencia, donde varias
plantas en sus tiestos agonizan en el abandono. Delante de las ventanas, una
mesa cubierta con un hule. Dos sillas con asiento de caña junto a la mesa. Otra
contra la pared, a la derecha de la puerta de foro. En la pared de la derecha,
foro, una puerta que lleva a una puerta a una alcoba. Más adelante diversas
prendas de vestir de hombre y de mujer penden de unas clavijas. Desde el rincón
de la izquierda, foro, hasta la pared de la derecha, primer término, hay
tendida una cuerda con ropa.
Son
aproximadamente las ocho y media de la mañana de un día hermoso y lleno de sol,
a comienzos del otoño.
La señora Rowland
viene de la alcoba, bostezando, dando aún los últimos toques a un desaliñado
tocado, insertando horquillas en su cabello, recogido en pardusca masa en lo
alto de su cabeza redonda .Es de mediana estatura y propensa gordura sin
líneas, acentuada por su vestido azul, deformado, humilde y raído. Su rostro es
impersonal, de facciones pequeñas y regulares y ojos extrañamente azules. En
sus ojos, su nariz y su boca débil y rencorosa, hay una expresión atormentada.
Tiene poco más de veinte años pero parece mucho mayor.
Llega al centro de la habitación y
bosteza, desperezándose. Sus soñolientos se pasean absortos por todo lo que la rodea, con la irritación
propia de aquel para quien un largo sueño no ha significado un largo descanso.
Va con aire cansado hacia la ropa que cuelga a la derecha y descuelga un
delantal. Se lo ciñe a la cintura, dejando escapar un “maldito sea” cuando el
nudo no obedece a sus torpes dedos. Por fin consigue atarlo y va lentamente
hacia la cocina de gas y enciende uno de los mecheros. Llena la cafetera en la pileta y la pone
sobre la llama. Luego se desploma en una silla que está junto a la mesa y se
pone una mano sobre la frente, como si le doliera la cabeza. De pronto su
rostro se ilumina, como si recordara algo y mira el armario de los platos;
luego dirige una penetrante mirada hacia la puerta del dormitorio y escucha
atentamente durante unos instantes.
SRA ROWLAND (en voz baja). -¡Alfred! ¡Alfred! (del cuarto contiguo no llega respuesta
alguna y la señora Rowland prosigue con tono desconfiado, alzando la voz) No
tienes que fingir que estás dormido. (De
la alcoba no llega la menor respuesta y la señora Rowland, tranquilizada, se
levanta y va cautelosamente hacia el armario. Abre con lentitud una de las
puertas, cuidando mucho de no hacer ruido, y saca de su escondite, detrás de
los platos una botella de ginebra Gordon y un vaso. Al hacerlo mueve el plato
de arriba que tintinea levemente. Al oír esto, la señora Rowland sufre un
sobresalto culpable y mira con malhumorado desafío la puerta del cuarto
contiguo .Con la voz trémula: )
-¡Alfred!
(Después de una pausa, durante la cual
trata de percibir algún sonido, toma el vaso y se sirve una buena cantidad de
ginebra y lo apura; luego, precipitadamente, repone la botella y el vaso en su
escondite. Cierra el armario con el mismo cuidado con que lo ha abierto y con
un gran suspiro de alivio se deja caer nuevamente en su silla. La gran dosis de
alcohol le ha causado un efecto casi inmediato. Sus facciones se vuelven más
animadas, parece cobrar energías y mira la puerta de la alcoba con una sonrisa
dura y negativa. Sus ojos pasean una rápida mirada por la habitación y se
posan, sobre un saco y un chaleco de hombre que penden a la derecha. Se
encamina cautelosamente hacia la puerta abierta, y se detiene allí , sin que la
vea el que está dentro, y escucha, tratando de sorprender algún movimiento)
(Llamando, casi en un susurro.) ¡Alfred!
(Nuevamente no hay respuesta. Con ágil
movimiento, la señora Rowland, descuelga el saco y el chaleco y vuelve con
ellos a su silla. Se sienta y saca los diversos objetos que contiene cada
bolsillo, pero los reintegra rápidamente a su sitio. Por fin, en el bolsillo
interior del chaleco encuentra una carta)
(Mirando la letra, se dice lentamente) Lo sabía.
(Abre la carta y la lee. En el primer
momento, su expresión revela odio e ira, pero a medida que avanza en la lectura
hasta acabarla se trueca en triunfante malignidad. Durante un instante queda
muy pensativa. Luego vuelve a poner la carta en el bolsillo del chaleco, y
cuidando aún de no despertar al durmiente, cuelga nuevamente las prendas en la
misma clavija, va hacia la puerta de la alcoba y atisba)
(Con
voz sonora y chillona) ¡Alfred! (Más
fuerte) ¡Alfred!
(Del cuarto contiguo llega un gemido
ahogado que se confunde con un bostezo.) ¿No te parece que ya se hora de
levantarse? (Volviéndose y regresando a
su silla) Ya sé que eres lo suficientemente haragán para pasarte la vida en
la cama. (Se sienta, mira por la
ventana y dice con irritación:) ¿Qué
hora será? Ya no podemos saberlo desde que empeñaste estúpidamente tu reloj.
Era el último objeto de valor que teníamos, y lo sabias. Sólo has pensado en
empeñar, empeñar, empeñar… Cualquier cosa con tal de alejar la hora de buscar
empleo, cualquier cosa con tal de no trabajar como un hombre. (Golpea el suelo con el pie nervosamente,
mordiéndose los labios) (Después de una breve pausa) ¡Alfred! Levántate…
¿Me oyes? Quiero hacer esa cama antes de salir. Estoy harta de que esto esté en
desorden por tu culpa. (Con cierta vengativa satisfacción) Y por
cierto que no podremos quedarnos mucho tiempo aquí, a menos que consigas dinero
en alguna parte. Dios sabe que yo hago lo mío – y más aún yendo a coser a
domicilio todos los días, mientras tú hacer el caballero y holgazaneas por las
tabernas con ese hato de inútiles artistas Square.
(Breve pausa,
durante la cual la señora Rowland, juega nerviosamente con una taza un platito
que están sobre la mesa)
¿Y dónde conseguirás dinero, quisiera saber yo? En esta
semana tenemos que pagar el alquiler, y ya saber cómo es el dueño de casa. No
nos dejará vivir aquí un solo minuto más si no lo pagamos puntualmente. Dices
que no puedes conseguir trabajo. Eso
es mentira, y tú lo sabes. Nunca lo buscaste, siquiera. Te pasas los días
vagabundeando por ahí, escribiendo poemas y cuentos estúpidos que nadie quiere
comprar… Y me explico que no quieren comprarlos. Pero advierto que yo siempre
puedo conseguir trabajo y lo consigo; y sólo eso nos salva de morirnos de
hambre.
(Se levanta y va
hacia la cocina, mira la cafetera para ver si el agua hierve y vuelve y se
sienta)
Hoy tendrás que conseguir dinero en alguna parte. Yo no
puedo hacerlo todo y no lo haré. Tienes que recobrar el sentido común. Tienes
que pedirlo, mendigarlo, o robarlo donde sea. (Con desdeñosa risa)
Pero… ¿dónde, quisiera yo saber? Eres demasiado orgulloso
para mendigar y has pedido ya todos los préstamos posibles, y no tienes valor
para robar.
(Después
de una pausa, levantándose irritada.) ¡Por amor de Dios! ¿No te has levantado
todavía? Es muy propio de ti eso de volverte a dormir, o de fingirlo. (Va hacia la puerta del dormitorio y atisba.) ¡Ah,
te has levantado! Bueno, ya era hora. No tienes por qué mirarme así. Tus
desplantes no me engañan, ya. Te conozco
demasiado… mejor de lo que supones…a ti a tus andanzas. (Alejándose de la puerta, con tono significativo) Conozco un montón
de cosas, querido. Ahora, no te preocupes de lo que sé. Te lo diré antes de
irme, no te aflijas. (Va hacia el centro
del aposento y se detiene allí, frunciendo el ceño)
(Con
tono irritado) ¡Hum! ¡Supongo que más vale preparar el
desayuno… y no porque haya mucho que preparar (Con tono de interrogación)
Salvo que tengas algún dinero…(Hace una
pausa esperando una respuesta del cuarto contiguo, que no llega) ¡Qué
pregunta estúpida! (Con dura risita)
A estas horas, yo debiera conocerte mejor ya. Cuando te fuiste anoche
malhumorado, me imaginé qué pasaría. No se te puede tener la menor confianza.
¡En lindo estado viniste a casa! Nuestra riña sólo te sirvió de pretexto para
mostrarte bestial. ¿De qué te valió empeñar el reloj si sólo querías el dinero
para derrocharlo en whisky?
(Va hacia el
armario y saca platos, tazas, escètera, mientras habla)
¡Apresúrate! Últimamente, gracias a ti, no tarde mucho en
preparar el desayuno. Esta mañana sólo tenemos pan, manteca y café: y ni
siquiera tendrías eso si yo no me estropeare los dedos cosiendo.
El pan está duro. Supongo que te gustará. Tú no te mereces
nada mejor, pero no veo por qué he de sufrir yo. (Yendo hacia la cocina de gas) El café estará dentro de un momento y
no esperes que te lo sirva.
(Repentinamente,
con violenta ira) ¿Qué diablos estás haciendo
ahora? (Va hacia la puerta y atisba)
Buenos, por lo menos estás casi vestido. Creí que te habías metido en la cama
de nuevo. Eso sería muy propio de ti. ¡Qué aspecto horrible tienes esta mañana!
¡Aféitate, por amor de Dios! Pareces un vagabundo. Por algo nadie quiere darte
un empleo. No los culpo…Tu aspecto no es medianamente decente (Va hacia la cocina de gas) Aquí hay
mucha agua caliente. No tienes la menor excusa. (Toma un tazón y vierte en él un poco de agua de la cafetera.) Toma.
(Él
tiende la mano en procura del tazón. Se ve una mano sensible, de dedos finos
que tiembla, y parte del agua se derrama sobre el piso)
(La
señora Rowland, con tono insultante) ¡Mira cómo te tiembla la mano! Mas vale que abandones la
bebida. No puedes soportarla. Los hombres como tú son los mejores candidatos al
delírium tremens. ¡Eso sería la gota que hace desbordar el vaso! (Mirando el
piso) Mira como has dejado el piso… hay colillas y cenizas en toda la
habitación. ¿Por qué no los tiraste sobre un plato? No, no serías lo bastante
considerado para hacerlo. Nunca piensas en mí. Tú no tienes que barrer la
habitación, y eso es todo lo que te importa.
(Toma
la escoba y comienza a barrer malignamente, levantando una nube de polvo. De
las habitaciones interiores llega el rumor de una navaja de afeitar que
afilan.)
(Barriendo)
¡Apresúrate! Ya
debe ser casi la hora de que me vaya. Si llegara tarde, me expondría a perder
mi empleo y entonces ya no te podría seguir manteniendo. (Y al ocurrírsele algo más, agrega sarcásticamente) Y entonces,
tendrías que trabajar o hacer alguna cosa horrible de esa especie (Barriendo debajo de la mesa). Lo que
quiero saber es si buscarás hoy trabajo o no.
Sabes que tu familia no nos seguirá ayudando. También ellos ya están
hartos de ti. (Después de barrer en
silencio durante unos instantes) Estoy cansada de toda esta vida.
Ganas me dan de irme de casa, pero soy demasiado
orgullosa para permitir que te
sepan un fracasado… a ti, el hijo único
del millonario Rowland, el egresado de Harvard, el poeta, el hombre notable del
pueblo… ¡Bah! (Con amargura) No
serían muchas las que me envidiarían mi hombre notable si supieran la verdad.
Me gustaría saber una cosa… ¿Qué ha sido nuestro matrimonio? Aún antes de que
tu padre millonario muriera
debiéndole dinero a todo el mundo, nunca derrochaste un solo minuto con tu
esposa. Supongo que a tu entender, yo debía darme por satisfecha con tu honorable actitud al casarte conmigo…después de haberme puesto en
dificultades. Yo te avergonzaba ante tus refinados amigos porque mi padre sólo
es un almacenero, eso es lo cierto. Por lo menos es un hombre honrado y tú no
podrías decir lo mismo del tuyo. (Sigue
barriendo enérgicamente hacia la puerta. Se apoya sobre su escoba por un
momento)
Suponías que todos creerían que
te habías visto obligado a casarte conmigo y te compadecerían… ¿verdad? No
vacilaste mucho para decirme que me querías y para hacerme creer en tus
mentiras antes de que sucediera aquello… ¿no es eso? Me hiciste suponer que no
querías que tu padre me sobornara, como
trató de hacerlo. Pero ya sé a qué atenerme. Por algo he vivido tanto tiempo
contigo. (Sombriamente) Es una suerte
que nuestro pobre hijo naciera muerto, después de todo. ¡Qué padre hubieras
sido! (Permanece en silencio, y cavilando
hoscamente durante un instante, luego prosigue con una serie de salvaje
alegría)
Pero no soy la única que tiene
que agradecerte su desdicha. Hay, por lo menos otra, y ésa no puede tener
esperanzas de casarse contigo ahora. (Asoma
la cabeza al cuarto contiguo) ¿.Qué me dices de Helen? (Retrocede del vano de la puerta con un
sobresalto, algo asustada)
¡No me mires así! Sí, he leído
esa carta. ¿Y qué? Tenía derecho a leerla. Soy tu esposa. Y sé todo lo que hay
que saber, de modo que no me mientas: No tienes por qué mirarme así. Ya no
podrás intimidarme con esos aires de hombre superior. Si no fuese por mí, te
irías sin desayunarte esta mañana (Vuelva
a dejar la escoba en el rincón y dice, con tono gimoteante:) Nunca me agradeciste en lo más mínimo lo que
he hecho. (Va hacia la cocina de gas y
echa el café en la cafetera) El café está listo. No te esperaré. (Vuelve a
sentarse)
(Después
de una pausa, llevándose la mano a la cabeza, malhumorada) ¡Cómo me duele la cabeza esta
mañana! Es una vergüenza que deba irme a trabajar todo el día en una habitación
asfixiante, en este estado. Y no iría si fueras un hombre. Debiera ser yo quien
pasara el día tendida en la cama, y no tú.
Bien sabes lo enferma que he estado en este último año; y sin embargo cuando tomo alguna pequeñez
para levantarme el ánimo, me lo echas en cara. Ni siquiera quisiste dejarme
tomar ese tónico que compré en la farmacia.
(Con risa cruel) Sé que te alegraría verme muerta y que no te estorbara;
entonces podrías correr detrás de esas muchachas estúpidas que te creen
maravilloso e incomprendido… Esa Helen y las demás.(Del cuarto contiguo llega una agua exclamación de dolor)
(Con
satisfacción) ¡Claro!
¡Ya sabía yo que te cortarías! Eso te servirá de lección. Bien sabes que no
debes pasarte las noches vagabundeando por ahí y bebiendo, con tus nervios en
tan deplorables condiciones (Va hacia la
puerta y se asoma a la otra habitación)
¿Por qué estás tan pálido? ¿Por
qué te mirar así, fijamente, en el espejo? ¡Por amor de Dios! ¡Quítate esa
sangre de la cara! (Con un escalofrío) Es
horrible. (Con tono de alivio) Bueno,
ya estás mejor. Nunca he podido soportar el espectáculo de la sangre (Se aparta un poco de la puerta) Más vale
que renuncies a afeitarte solo y vayas a una peluquería. Tu mano tiembla
horriblemente. ¿Por qué me miras así? (Se
aleja de la puerta) ¿Todavía estás
furioso conmigo a causa de esa carta?
(Desafiante) Pues yo tenía derecho a leerla.
Soy tu esposa. (Va hacia la silla y
vuelve a sentarse. Después de una pausa)
Hace tiempo que estoy enterada deque tienes una aventura. Tus débiles
pretextos de que te pasabas el tiempo en la biblioteca no me engañaron. Y
después de todo… ¿quién es esa Helen? ¿Una de esas artistas? ¿O también escribe
poemas? A juzgar por tu carta lo parece. Apostaría a que te dijo que tus cosas
eran lo mejor que se había escrito en el mundo, y que te lo creíste como un
imbécil. ¿Es joven y linda? También yo era joven y linda cuando me engañaste
con tu palabrería poética; pero la vida contigo la consume pronto a cualquiera.
¡Las que he pasado!
(Va
hacia la cocina de gas y retira el café) El desayuno está listo. (Con una mirada de desdén) ¡El desayuno! (Se sirve una taza
de café y deja la cafetera sobre la mesa) Se te enfriará el café. ¿Qué estás haciendo? ¿Afeitándote,
todavía? ¡Por amor de Dios! Más vale que renuncies a eso. Una de estas mañanas
te harás un buen tajo. (Se corta pan y lo
hunta con manteca. Durante los párrafos siguientes, come y bebe su café)
Tendré que irme corriendo,
apenas concluya de comer. Uno de nosotros tiene que trabajar (Irritada) ¿Vas a buscar trabajo hoy o
no? Seguramente, alguno de tus refinados
amigos te ayudaría si te creyera realmente tan talentoso. Pero supongo que
todos ellos prefieren oírte hablar. (Se
queda sentada en silencio, durante un minuto).
Lo siento por esa Helen, sea
quien sea. ¿No tienes ninguna consideración por los demás? ¿Qué dirá su
familia? Veo que ella la menciona en su carta. ¿Qué hará? ¿Alumbrar al niño… o
ir a ver a uno de esos médicos? Linda situación, hay que confesarlo. ¿Dónde
conseguiría el dinero? (Espera una
respuesta a esta andanada de preguntas)
Hum…No me digas nada sobre ésa…
¿verdad? ¡Tanto me da! Después de todo, no lo lamento por ella… Sabía que
estaba haciendo. A juzgar por su carta, no es una colegiala como lo era yo.
¿Sabe que estás casado? Claro que debe saberlo. Todos tus amigos están
enterados de tu infortunado matrimonio. Sé que te compadecerán, pero no conocen
mi versión del asunto. Hablarían de otro modo si la conociesen.
(Está demasiado ocupada comiendo para seguir hablando, durante un segundo o
dos)
Esa Helen debe ser una buena
pieza, si sabe que eres casado. ¿Qué
esperaba? ¿Qué yo te concediera el divorcio y te dejara casarte con ella? ¿Cree
que soy lo bastante chiflada para eso…después de todas las que me hiciste
pasar? ¡Por cierto que no! Y tú no
podrías conseguir el divorcio de mí y bien lo sabes. Nadie podrá decir jamás
que yo he hecho algo malo. (Apura el resto de su café)
Ella merece sufrir, es todo lo
que puedo decirte. Te diré lo que pienso: creo que tu Helen no pasa de ser una
vulgar trotacalles. Esa es mi opinión. (Del
cuarto contiguo llega un sofocado gemido).
¿Has vuelto a cortarte? Bien
merecido lo tienes (Se levanta y se quita
el delantal) Bueno, tengo que irme sin demora. (Malhumorada) ¡Vaya una vida la que llevo! No soportaré por más
tiempo tu haraganería. (Oye algo y hace
una pausa, escuchando atentamente) ¡Eso es! ¡Has volcado toda el agua! No digas que no. La oigo gotear por el piso (Una vaga aprensión aparece en su rostro)
¡Alfred! ¿Por qué no me contestas?
(Va
lentamente hacia la otra habitación. Se oye caer una silla y algo se desploma
pesadamente en el suelo. La señora Rowland se detiene, temblando de pánico y
exclama:
¡Alfred! ¡Alfred! ¡Contéstame!
¿Qué has hecho caer? ¿Estás borracho todavía? (Incapaz de soportar la tensión ni por un momento más, se lanza hacia
la puerta del dormitorio)
¡Alfred!
(Se detiene en el umbral, mirando el suelo del cuarto interior,
transfigurada de horror. Luego lanza un salvaje alarido y corre hacia la otra
puerta, hace girar la llave y la abre frenéticamente de par en par. Y se precipita al vestíbulo gritando como una
loca)
TELÓN.
EUGENE O´NEILL
6°B! Información sobre el teatro de Henryk Ibsen.
APROXIMACIÓN A “CASA DE MUÑECAS ” DE HENRYK IBSEN (1879).
Ibsen presenta en “Casa de muñecas” (1879) el tema del feminismo que ya había
sido presentado en “Las columnas de la sociedad” La obra fue escrita en una
vija a Roma y fue terminada en un monasterio convertido en albergue al sur de
Torrento. En1979.
Precisamente había escrito
“Notas para la tragedia del tiempo presente” las cuales se referían a la
tragedia de la mujer en la sociedad moderna.
Si bien puede citarse a Camila
Collett como posible vinculaciòn a la obra, mujer lider del feminismo
escandinavo, el personaje inspirador de la obra fue Laura Petersen, autora de
la obra “De las hijas de brand”. Era una joven a la cual Ibsen llamaba
“alondra” como luego lo hará Helmer con el personaje de Nora. Su historia es
similar a la de la obra: ella se casó con Víctor Kieler el cual sufría de una
enfermedad nerviosa, ella pidió dinero prestado para su curación pero luego al
no poder devolverlo fue ella quien enfermó. Ibsen aconsejó contarle todo a su
marido (lo mismo que Cristina en la obra) . Como vimos muchos hechos expuestos
en la obra fueron reales: la enfermedad del marido, el préstamo secreto, el
viaje a Italia, la salvaciòn del marido.
El problema de Ibsen por la
mujer lo preocupaba enormemente sobre todo en un aspecto que él lo define así:
“los obstáculos impuestos por una sociedad constituida por los hombres en
contra del desarrollo de la mujer como ser humano”.
Este es el tema de “Casa de
muñecas” en donde la mujer aparece como víctima de la sociedad y del marido,
típico representante de la sociedad victimaria.
El antecedente literaria de la
obra fue “Leonarda” de Bjjjjotnson (1879);con respecto a esta obra del autor al
cual se le critiçaba su defensa del amor
libre, Ibsen ha señalado que defiende la moralidad en el matrimonio pues sólo
un matrimonio donde hay mutua estima es moral, aquel que no la tiene debe
dejarsen en lugar de darse a la mentira.
La obra fue representada en 1899
en todos los teatros e idiomas del mundo. Pero lo más desconcertante fue el
desenlace y así Ibsen se vio obligado a modificar el final para que la obra
fuera representada. Así la actriz Niemann Reake que hacía el papel de Nora
declaró que no abandonaría a sus hijos;
otra ocasión en 1906 en una representación econ el desenlace primitivo la
actriz que los encarnaba no pudo pese a los esfuerzos abrir la puerta e irse de
su casa.
Grandes actrices reclamaban el
papel de Nora, amplios sectores del
público reclamaban un final feliz,otros la criticaron como inmoral, disolvente
y corruptora.Los ambientes sociales conservadores prohibían hablar del tema
delante de los jóvenes y los pastores condenaban a Nora en sus sermones. Sin
duda la obra no resultó indiferente a ningún estrato social y significò un adelanto
en el tema de la reinvidicaciòn del papel en la sociedad, aún cuando no había
llegado el siglo XX.
Ofelia Machado Bonet de
Benvenuto quien ha realizado un estudio sobre la obra señalala que el tema del
feminismo ha sido el determinante en esta obra y que el tema de la misma es la
imposibilidad que encuentra Nora para realizarse como ser humano. De ahí que lo
que reivindica Ibsen es la libertad
moral de la mujer cuando ella adquiere conciencia de su ser; de ahí se justifica
el desenlace.
Jorge Albistur ha señalado que
cuando Nora, al final de la obra ,en una escena que más adelante se propondrá
le dice a su esposo “Siéntate, Torvaldo, tenemos que hablar” se abre una etapa
distinta para el teatro . Nunca se mostró más abiertamente, que el teatro podía
ser sólo un diálogo, las razones para una acción, mas bien que ella misma en
lugar de una serie de acontecimientos. Dos sillas, dos personajes y un diálogo
entre ellos, nada más.
INNOVACIONES AL TEATRO
REALIZADAS POR IBSEN
Propuestas por Enrique
Anderson Imberg.
·
No
teje tramas sino busca situaciones cotidianas, familiares, problemas íntimos de
la conducta.
·
El
drama se convierte en una discusión pues los personajes, discuten esos
problemas.
·
Puesto
que esas discusiones son sobre temas cotidianos el público se identifica con
ellos, hay una comunicón entre escenario y público.
·
Al
ser problemas cotidianos, desaparecen las convenciones tradicionales como por
ejemplo el desenlace feliz que tanto se le criticó al autor en “Casa de
muñecas”
·
Cuando
el telón se alza ya está por comenzar la crisis y hay todo un pasado al que
vamos conociendo en medio de esa crisis. Pasado y prersente se van revelando
simultáneamente.
·
Se
cumplen rigurosamente las unidades aristotélicas por eso respetando la unidad
de tiempo y lugar se nos presentan vidas enteras e historias de años.
·
El
diálogo es drama puro, no ventriloquia, cada personaje hace valer su punto de
vista.(nos recuérdale diálogo estíquico que veíamos en la tragedia griega).
La obra “Casa de muñecas” puede
ser considerada como un ejemplo de obra que reúne las características del
teatro de Ibsen ya señaladas por Anderson Imberg.
Pues como Ibsen no teje tramas
sino que busca situaciones cotidianas, familiares, en la obra todo se
desenvuelve en una casa de familia, en
donde todo se desarrolla normalmente, no hay ninguna trama excepcional.
La obra comienzaa cuando está
por estallar la crisis en el momento en que Kragstad comienza a amenazar a Nora
y allí todo se desencadena. La acción comienza en la inminencia de esa crisis.
Siempre hay un hecho ocurrido en
el pasado que es el propiamente desencadenante (influencia de Mauricio Hansen)
y que se conoce en el desarrollo de la acción. Este hecho ya está ocurrido en
el pasado, la obra comienza con el inicio de la crisis.
Se respetan las unidades
aristotélics por ello lo sucedido en el pasado sólo se conoce a través del
diàlogo.
El centro de la acciòn es el
diálogo puro entre los personajes que discuten problemas familiares (Nora y
Torvaldo)
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