11 de julio de 2016
4°7 IMPORTANTE
Alumnos de 4°7: retomamos la segunda parte del año y hay mucho por trabajar. Para comenzar estamos esperando la visita de Delgado Aparain por lo que cada alumno en el orden que dimos en clase tendría que estar accediendo al texto, mi objetivo es que parael viernes 29 todo mi grupo haya leído su novela La balada de Johnny Sosa. Hay dos juegos de fotocopias repartidos en la clase. En otro orden de cosas sigo insistiendo que la primera obligatoriedad como alumnos es traer el texto a clase porlo que en esta entrada voy a colgar los dos textos que integran el eje temático del amor y la pasión, más allá que ya tengan a disposición Gerineldo y la infanta y Terribles ojos verdes del autor mencionados, Los textos quen completan este eje temático son "La casada infiel" romance de Garcia Lorca y la obra de teatro "La casa de Bernarda Alba" del mismo autor. Insisto que el alumno que tenga algún inconveniente para acceder a los textos lo habla conmigo pero las obras se deben tener en clase, por ello ahora ya copio estos dos textos que restan. A trabajar que hay mucho por aprender en el año!!!!!
22 de junio de 2016
VISITA DE DELGADO APARAIN
A TODOS MIS ALUMNOS: en ocasión de la visita del escritor MARIO DELGADO APARAIN a nuestro liceo en el mes de julio estoy invitando a todos mis grupos (4°7, 5° C, 6°D 6° E, 6°FM MD) a leer parte de su obra para que realmente se produzca un intercambio entre el escritor y nosotros. Cada grupo dispone de una copia de la novela LA BALADA DE JOHNNY SOSA que deben ir pasando de alumno en alumno y en biblioteca dejé un libro de mi pertenencia UN MUNDO DE CUENTOS que reúne todos los cuentos del autor, incluso el que estamos estudiando en 4° Terribles ojos verdes pero pueden leer cualquiera de ellos.
Hagamos entre todos que sea una instancia enriquecedora y de verdadero intercambio.
Mañana jueves envio la novela a 6°E y el viernes en persona la entrego a mis 6° de la tarde.
Giovanna
16 de junio de 2016
PROPUESTA DE PRODUCCIÓN ESCRITA SOBRE LAS CUITAS DEJOVEN WERTHER
PRODUCCION
ESCRITA SOBRE PRE ROMANTICISMO Y “LAS CUITAS DEL JOVEN WERTHER”
Elabora
un tema de análisis desarrollando los siguientes temas abordados y
trabajando con el texto.
Concepto
de pre romanticismo.
Ubicación
de Goethe en el pre romanticismo alemán. El Sturn und Drang.
Estudio
del título de la obra. Género literario de la misma. Forma adoptada
por la novela.
Estudio
de las palabras Al
lector.
Carta
del 4 de mayo: comienzo de su relación epistolar con Guillermo. El
deseo del viaje. La vida de Werther en su pueblo natal. Primeras
reflexiones sobre el lugar. (Pueblo ficticio)
La
sensibilidad del personaje de Werther a través de la carta del 10 de
mayo. Correspondencia entre su estado anímico y la naturaleza.
Selección de citas ilustrativas. Su proximidad con el arte.
La
singularidad del personaje de Werther.
La
visión de la naturaleza en la carta del 26 de mayo.
Werther
y su reflexión sobre las reglas.
El
tratamiento de la mujer a partir del fragmento correspondiente a la
carta del 16 de junio:
“Difícil
sería contarte de una manera ordenada cómo he llegado a conocer a
una criatura tan angelical. Estoy contento, soy feliz y por lo mismo
no puedo ser un fiel historiador.
¡Un
ángel! ¡Pchi! ¿No es verdad que todos dicen lo mismo? No estoy
verdaderamente en situación de explicarte el cómo y el porqué es
tan perfecta. ¡Bastará conque te diga que ha satisfecho todas mis
aspiraciones! ¡Cuanta ingenuidad en medio de su talento! ¡Cuánta
bondad unida a su enérgico carácter. ¡Cuánta tranquilidad dentro
de su vivacidad! Todo cuanto te digo no son más que palabras vagas,
frías abstracciones que no dan a conocer ni uno solo de sus
rasgos...”
Remite
a la carta del 1 8de julio donde Werther retoma el tema del amor y
señala qué recursos del lenguaje utiliza para describir a Charlote.
Estudio
del fragmento Del
editor al lector:
analiza la labor del editor en la obra en relación a la estructura
de la misma.
“Mucho
me hubiese alegrado de que nos quedasen sobre los últimos días de
nuestro desgraciado amigo, bastantes detalles escritor de su propia
mano, para no verme obligado a interrumpir la serie de sus cartas con
esta relación.
Me
he dedicado a recoger los datos más exactos de la boca misma de los
que podían estar mejor informados respecto a su historia, y todas
las relaciones están acordes hasta en sus menores circunstancias. No
he encontrado divididas las opiniones más que acerca de la manera de
jugar los caracteres y sentimientos de las personajes que han
desempeñado aquí algún papel. Sólo nos falta referir fielmente
todo cuanto nos han enseñando nuestras continuas investigaciones,
incluyendo en la relación las cartas que nos quedas de aquel que ya
no existe, no omitiendo ni el más pequeño de los papeles que se
han conservado. “
5° Científico. Canto I La Ilíada.
CANTO I
1 Canta, oh diosa, la cólera del Pelida aquiles;
cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y
precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes,
a quienes hizo
presa de perros y pasto de aves cumplíase la voluntad de
Zeus desde que se separaron disputando el Atrida, rey de
hombres, y el divino Aquiles.
8
¿Cuál de los dioses promovió entre ellos la contienda para que
pelearan? El hijo de Leto y de Zeus. Airado con el rey, suscitó en
el ejército maligna peste, y los hombres perecían por el
ultraje que el Atrida infiriera al sacerdote Crises. Éste, deseando
redimir a su hija, se había presentado en las veleras naves aqueas
con un inmenso rescate y las ínfulas de Apolo, el que hiere de
lejos, que pendían de áureo cetro, en la mano; y a todos los
aqueos, y particularmente a los dos Atridas, caudillos de pueblos,
así les suplicaba:
17
¡Atridas y demás aqueos de hermosas grebas! Los dioses,
que poseen olímpicos palacios, os permitan destruir la ciudad de
Príamo y regresar felizmente a la patria! Poned en libertad a mi
hija y recibid el rescate, venerando al hijo de Zeus, a Apolo, el que
hiere de lejos.
22
Todos los aqueos aprobaron a voces que se respetara al sacerdote y se
admitiera el espléndido rescate; mas el Atrida Agamenón, a
quien no plugo el acuerdo, le despidió de mal modo y con altaneras
voces:
26
No dé yo contigo, anciano, cerca de las cóncavas naves,
ya porque ahora demores tu partida, ya porque vuelvas luego, pues
quizás no te valgan el cetro y las ínfulas del dios. A aquélla no
la soltaré; antes le sobrevendrá la vejez en mi casa, en Argos,
lejos de su patria, trabajando en el telar y aderezando mi
lecho. Pero vete; no me irrites, para que puedas irte más sano y
salvo.
33
Así dijo. El anciano sintió temor y obedeció el mandato.
Fuese en silencio por la orilla del estruendoso mar; y, mientras se
alejaba, dirigía muchos ruegos al soberano Apolo, a quien parió
Leto, la de hermosa cabellera:
37
¡Óyeme, tú que llevas arco de plata, proteges a Crisa y a la
divina Cila, a imperas en Ténedos poderosamente! ¡Oh Esminteo! Si
alguna vez adorné tu gracioso templo o quemé en tu honor pingües
muslos de toros o de cabras, cúmpleme este voto: ¡Paguen los dánaos
mis lágrimas con tus flechas!
43
Así dijo rogando. Oyóle Febo Apolo e, irritado en su corazón,
descendió de las cumbres del Olimpo con el arco y el cerrado carcaj
en los hombros; las saetas resonaron sobre la espalda del
enojado dios, cuando comenzó a moverse. Iba parecido a la
noche. Sentóse lejos de las naves, tiró una flecha y el arco de
plata dio un terrible chasquido. Al principio el dios disparaba
contra los mulos y los ágiles perros; mas luego dirigió sus
amargas saetas a los hombres, y continuamente ardían muchas piras de
cadáveres.
53
Durante nueve días volaron por el ejército las flechas del dios. En
el décimo, Aquiles convocó al pueblo al ágora: se lo puso en el
corazón Hera, la diosa de los níveos brazos, que se interesaba por
los dánaos, a quienes veía morir. Acudieron éstos y, una vez
reunidos, Aquiles, el de los pies ligeros, se levantó y dijo:
59
¡Atrida! Creo que tendremos que volver atrás, yendo otra vez
errantes, si escapamos de la muerte; pues, si no, la guerra y la
peste unidas acabarán con los aqueos. Mas, ea, consultemos a un
adivino, sacerdote o intérprete de sueños pues también
el sueño procede de Zeus , para que nos diga por qué se irritó
tanto Febo Apolo: si está quejoso con motivo de algún voto o
hecatombe, y si quemando en su obsequio grasa de corderos y de
cabras escogidas, querrá libramos de la peste.
68
Cuando así hubo hablado, se sentó. Levantóse entre ellos Calcante
Testórida, el mejor de los augures conocía lo presente, lo
futuro y lo pasado, y había guiado las naves aqueas hasta Ilio por
medio del arte adivinatoria que le diera Febo Apolo , y
benévolo los arengó diciendo:
74
¡Oh Aquiles, caro a Zeus! Mándasme explicar la cólera
de Apolo, del dios que hiere de lejos. Pues bien, hablaré; pero
antes declara y jura que estás pronto a defenderme de palabra y de
obra, pues temo irritar a un varón que goza de gran poder entre los
argivos todos y es obedecido por los aqueos. Un rey es más poderoso
que el inferior contra quien se enoja; y, si bien en el mismo día
refrena su ira, guarda luego rencor hasta que logra ejecutarlo
en el pecho de aquél. Dime, pues, si me salvarás.
84
Y contestándole, Aquiles, el de los pies ligeros, le dijo:
85
Manifiesta, deponiendo todo temor, el vaticinio que sabes; pues
¡por Apolo, caro a Zeus; a quien tú, Calcante, invocas siempre
que revelas oráculos a los dánaos!, ninguno de ellos pondrá en ti
sus pesadas manos, cerca de las cóncavas naves, mientras yo
viva y vea la luz acá en la tierra, aunque hablares de Agamenón,
que al presente se jacta de ser en mucho el más poderoso de todos
los aqueos.
92
Entonces cobró ánimo y dijo el eximio vate:
93
No está el dios quejoso con motivo de algún voto o hecatombe,
sino a causa del ultraje que Agamenón ha inferido al sacerdote,
a quien no devolvió la hija ni admitió el rescate. Por esto el
que hiere de lejos nos causó males y todavía nos causará otros. Y
no librará a los dánaos de la odiosa peste, hasta que sea
restituida a su padre, sin premio ni rescate, la joven de ojos vivos,
y llevemos a Crisa una sagrada hecatombe. Cuando así le hayamos
aplacado, renacerá nuestra esperanza.
101
Dichas estas palabras, se sentó. Levantóse al punto el poderoso
héroe Agamenón Atrida, afligido, con las negras entrañas
llenas de cólera y los ojos parecidos al relumbrante fuego; y,
encarando a Calcante la torva vista, exclamó:
106 ¡Adivino
de males! jamás me has anunciado nada grato. Siempre te
complaces en profetizar desgracias y nunca dijiste ni ejecutaste
nada bueno. Y ahora, vaticinando ante los dánaos, afirmas que el que
hiere de lejos les envía calamidades, porque no quise admitir
el espléndido rescate de la joven Criseide, a quien anhelaba tener
en mi casa. La prefiero, ciertamente, a Clitemnestra, mi
legítima esposa, porque no le es inferior ni en el talle, ni en el
natural, ni en inteligencia, ni en destreza. Pero, aun así y
todo, consiento en devolverla, si esto es lo mejor; quiero que
el pueblo se salve, no que perezca. Pero preparadme pronto otra
recompensa, para que no sea yo el único argivo que sin ella se
quede; lo cual no parecería decoroso. Ved todos que se va a otra
parte la que me había correspondido.
121
Replicóle en seguida el celerípede divino Aquiles:
122
¡Atrida gloriosísimo, el más codicioso de todos! ¿Cómo
pueden darte otra recompensa los magnánimos aqueos? No sabemos que
existan en parte alguna cosas de la comunidad, pues las del saqueo de
las ciudades están repartidas, y no es conveniente obligar a los
hombres a que nuevamente las junten. Entrega ahora esa joven al
dios, y los aqueos te pagaremos el triple o el cuádruple, si
Zeus nos permite algún día tomar la bien murada ciudad de Troya.
130
Y, contestándole, el rey Agamenón le dijo:
131
Aunque seas valiente, deiforme Aquiles, no ocultes así tu
pensamiento, pues no podrás burlarme ni persuadirme. ¿Acaso
quieres, para conservar tu recompensa, que me quede sin la mía,
y por esto me aconsejas que la devuelva? Pues, si los magnánimos
aqueos me dan otra conforme a mi deseo para que sea equivalente... Y
si no me la dieren, yo mismo me apoderaré de la tuya o de la de
Ayante, o me llevaré la de Ulises, y montará en cólera aquél a
quien me llegue. Mas sobre esto deliberaremos otro día. Ahora,
ea, echemos una negra nave al mar divino, reunamos los
convenientes remeros, embarquemos víctimas para una hecatombe y a la
misma Criseide, la de hermosas mejillas, y sea capitán
cualquiera de los jefes: Ayante, Idomeneo, el divino Ulises o tú,
Pelida, el más portentoso de todos los hombres, para que nos
aplaques con sacrificios al que hiere de lejos.
148
Mirándolo con torva faz, exclamó Aquiles, el de los pies ligeros:
149
¡Ah, impudente y codicioso! ¿Cómo puede estar dispuesto
a obedecer tus órdenes ni un aqueo siquiera, para emprender la
marcha o para combatir valerosamente con otros hombres? No he venido
a pelear obligado por los belicosos troyanos, pues en nada se me
hicieron culpables no se llevaron nunca mis vacas ni mis
caballos, ni destruyeron jamás la cosecha en la fértil Ftía,
criadora de hombres, porque muchas umbrías montañas y el
ruidoso mar nos separan , sino que te seguimos a ti,
grandísimo insolente, para darte el gusto de vengaros de los
troyanos a Menelao y a ti, ojos de perro. No fijás en esto la
atención, ni por ello te tomas ningún cuidado, y aun me
amenazas con quitarme la recompensa que por mis grandes fatigas me
dieron los aqueos. Jamás el botín que obtengo iguala al tuyo cuando
éstos entran a saco una populosa ciudad de los troyanos: aunque la
parte más pesada de la impetuosa guerra la sostienen mis manos,
tu recompensa, al hacerse el reparto, es mucho mayor; y yo vuelvo a
mis naves, teniéndola pequeña, aunque grata, después de
haberme cansado en el combate. Ahora me iré a Ftía, pues lo
mejor es regresar a la patria en las cóncavas naves: no pienso
permanecer aquí sin honra para procurarte ganancia y riqueza.
172
Contestó en seguida el rey de hombres, Agamenón:
173
Huye, pues, si tu ánimo a ello te incita; no te ruego que por
mí te quedes; otros hay a mi lado que me honrarán, y especialmente
el próvido Zeus. Me eres más odioso que ningún otro de los reyes,
alumnos de Zeus, porque siempre te han gustado las riñas, luchas y
peleas. Si es grande tu fuerza, un dios te la dio. Vete a la
patria, llevándote las naves y los compañeros, y reina sobre los
mirmidones, no me importa que estés irritado, ni por ello me
preocupo, pero te haré una amenaza: Puesto que Febo Apolo me quita a
Criseide, la mandaré en mi nave con mis amigos; y encaminándome yo
mismo a tu tienda, me llevaré a Briseide, la de hermosas mejillas,
tu recompensa, para que sepas bien cuánto más poderoso soy y
otro tema decir que es mi igual y compararse conmigo.
188
Así dijo. Acongojóse el Pelida, y dentro del velludo pecho su
corazón discurrió dos cosas: o, desnudando la aguda espada que
llevaba junto al muslo, abrirse paso y matar al Atrida, o calmar su
cólera y reprimir su furor. Mientras tales pensamientos revolvía en
su mente y en su corazón y sacaba de la vaina la gran espada,
vino Atenea del cielo: envióla Hera, la diosa de los níveos brazos,
que amaba cordialmente a entrambos y por ellos se interesaba.
Púsose detrás del Pelida y le tiró de la blonda cabellera,
apareciéndose a él tan sólo; de los demás, ninguno la veía.
Aquiles, sorprendido, volvióse y al instante conoció a Palas
Atenea, cuyos ojos centelleaban de un modo terrible. Y hablando
con ella, pronunció estas aladas palabras:
202 ¿Por
qué nuevamente, oh hija de Zeus, que lleva la égida, has venido?
¿Acaso para presenciar el ultraje que me infiere Agamenón Atrida?
Pues te diré lo que me figuro que va a ocurrir: Por su insolencia
perderá pronto la vida.
206
Díjole a su vez Atenea, la diosa de ojos de lechuza:
207 Vengo
del cielo para apaciguar tu cólera, si obedecieres; y me envía
Hera, la diosa de los níveos brazos, que os ama cordialmente a
entrambos y por vosotros se interesa. Ea, cesa de disputar, no
desenvaines la espada a injúrialo de palabra como te parezca. Lo que
voy a decir se cumplirá: Por este ultraje se te ofrecerán un día
triples y espléndidos presentes. Domínate y obedécenos.
213
Y, contestándole, Aquiles, el de los pies ligeros, le dijo:
216
Preciso es, oh diosa, hacer lo que mandáis, aunque el corazón
esté muy irritado. Proceder así es lo mejor. Quien a los dioses
obedece es por ellos muy atendido.
219
Dijo; y puesta la robusta mano en el argénteo puño, envainó la
enorme espada y no desobedeció la orden de Atenea. La diosa
regresó al Olimpo, al palacio en que mora Zeus, que lleva la égida,
entre las demás deidades.
223
El Pelida, no amainando en su cólera, denostó nuevamente al
Atrida con injuriosas voces:
225
¡Ebrioso, que tienes ojos de perro y corazón de ciervo!
Jamás te atreviste a tomar las armas con la gente del pueblo
para combatir, ni a ponerte en emboscada con los más valientes
aqueos: ambas cosas te parecen la muerte. Es, sin duda, mucho mejor
arrebatar los dones, en el vasto campamento de los aqueos, a
quien te contradiga. Rey devorador de tu pueblo, porque mandas a
hombres abyectos...; en otro caso, Atrida, éste fuera tu último
ultraje. Otra cosa voy a decirte y sobre ella prestaré un gran
juramento: Sí, por este cetro que ya no producirá hojas ni
ramos, pues dejó el tronco en la montaña; ni reverdecerá, porque
el bronce lo despojó de las hojas y de la corteza, y ahora lo
empuñan los aqueos que administran justicia y guardan las leyes de
Zeus (grande será para ti este juramento): algún día los
aqueos todos echarán de menos a Aquiles, y tú, aunque te aflijas,
no podrás socorrerlos cuando muchos sucumban y perezcan a
manos de Héctor, matador de hombres. Entonces desgarrarás tu
corazón, pesaroso por no haber honrado al mejor de los aqueos.
245
Así dijo el Pelida; y, tirando a tierra el cetro tachonado con
clavos de oro, tomó asiento. El Atrida, en el opuesto lado, iba
enfureciéndose. Pero levantóse Néstor, suave en el hablar,
elocuente orador de los pilios, de cuya boca las palabras fluían
más dulces que la miel había visto perecer dos generaciones
de hombres de voz articulada que nacieron y se criaron con él en la
divina Pilos y reinaba sobre la tercera , y benévolo los
arengó diciendo:
254
¡Oh dioses! ¡Qué motivo de pesar tan grande le ha llegado a
la tierra aquea! Alegrananse Príamo y sus hijos, y regocijaríanse
los demás troyanos en su corazón, si oyeran las palabras con que
disputáis vosotros, los primeros de los dánaos así en el consejo
como en el combate. Pero dejaos convencer, ya que ambos sois más
jóvenes que yo. En otro tiempo traté con hombres aún más
esforzados que vosotros, y jamás me desdeñaron. No he visto todavía
ni veré hombres como Pirítoo, Driante, pastor de pueblos, Ceneo,
Exadio, Polifemo, igual a un dios, y Teseo Egeida, que parecía
un inmortal. Criáronse éstos los más fuertes de los hombres;
muy fuertes eran y con otros muy fuertes combatieron: con los
montaraces centauros, a quienes exterminaron de un modo estupendo. Y
yo estuve en su compañía habiendo acudido desde Pilos,
desde lejos, desde esa apartada tierra, porque ellos mismos me
llamaron y combatí según mis fuerzas. Con tales hombres no
pelearía ninguno de los mortales que hoy pueblan la tierra; no
obstante lo cual, seguían mis consejos y escuchaban mis
palabras. Prestadme también vosotros obediencia, que es lo
mejor que podéis hacer. Ni tú, aunque seas valiente, le quites la
joven, sino déjasela, puesto que se la dieron en recompensa los
magnánimos aqueos; ni tú, Pelida, quieras altercar de igual a igual
con el rey, pues jamás obtuvo honra como la suya ningún otro
soberano que usara cetro y a quien Zeus diera gloria. Si tú eres más
esforzado, es porque una diosa te dio a luz; pero éste es más
poderoso, porque reina sobre mayor número de hombres. Atrida,
apacigua tu cólera; yo te suplico que depongas la ira contra
Aquiles, que es para todos los aqueos un fuerte antemural en el
pernicioso combate.
285
Y, contestándole, el rey Agamenón le dijo:
286
Sí, anciano, oportuno es cuanto acabas de decir. Pero este
hombre quiere sobreponerse a todos los demás; a todos quiere
dominar, a todos gobernar, a todos dar órdenes que alguien, creo, se
negará a obedecer. Si los sempiternos dioses le hicieron belicoso,
¿le permiten por esto proferir injurias?
292
Interrumpiéndole, exclamó el divino Aquiles:
293
Cobarde y vil podría llamárseme si cediera en todo lo que
dices; manda a otros, no me des órdenes, pues yo no pienso ya
obedecerte. Otra cosa te diré que fijarás en la memoria: No he de
combatir con estas manos por la joven ni contigo, ni con otro alguno,
pues al fin me quitáis lo que me disteis; pero, de lo demás que
tengo junto a mi negra y veloz embarcación, nada podrías llevarte
tomándolo contra mi voluntad. Y si no, ea, inténtalo, para que
éstos se enteren también; y presto tu negruzca sangre brotará
en torno de mi lanza.
304
Después de altercar así con encontradas razones, se levantaron
y disolvieron el ágora que cerca de las naves aqueas se
celebraba. Fuese el Pelida hacia sus tiendas y sus bien
proporcionados bajeles con el Menecíada y otros amigos; y el Atrida
echó al mar una velera nave, escogió veinte remeros, cargó
las víctimas de la hecatombe para el dios, y, conduciendo a
Criseide, la de hermosas mejillas, la embarcó también; fue capitán
el ingenioso Ulises.
312
Así que se hubieron embarcado, empezaron a navegar por líquidos
caminos. El Atrida mandó que los hombres se purificaran, y ellos
hicieron lustraciones, echando al mar las impurezas, y sacrificaron
junto a la orilla del estéril mar hecatombes perfectas de toros
y de cabras en honor de Apolo. El vapor de la grasa llegaba al cielo,
enroscándose alrededor del humo.
318
En tales cosas ocupábanse éstos en el ejército. Agamenón no
olvidó la amenaza que en la contienda había hecho a Aquiles, y dijo
a Taltibio y Euríbates, sus heraldos y diligentes servidores:
322
Id a la tienda del Pelida Aquiles, y asiendo de la mano a
Briseide, la de hermosas mejillas, traedla acá, y, si no os la
diere, ire yo mismo a quitársela, con más gente, y todavía le será
más duro.
326
Hablándoles de tal suerte y con altaneras voces, los despidió.
Contra su voluntad fuéronse los heraldos por la orilla del estéril
mar, llegaron a las tiendas y naves de los mirmidones, y
hallaron al rey cerca de su tienda y de su negra nave. Aquiles, al
verlos, no se alegró. Ellos se turbaron, y, habiendo hecho una
reverencia, paráronse sin decir ni preguntar nada. Pero el héroe lo
comprendió todo y dijo:
334
¡Salud, heraldos, mensajeros de Zeus y de los hombres!
Acercaos; pues para mí no sois vosotros los culpables sino Agamenón,
que os envía por la joven Briseide. ¡Ea, Patroclo, del linaje
de Zeus! Saca la joven y entrégasela para que se la lleven. Sed
ambos testigos ante los bienaventurados dioses, ante los
mortales hombres y ante ese rey cruel, si alguna vez tienen los demás
necesidad de mí para librarse de funestas calamidades porque él
tiene el corazón poseído de furor y no sabe pensar a la vez en
lo futuro y en lo pasado, a fin de que los aqueos se salven
combatiendo junto a las naves.
345
Así dijo. Patroclo, obedeciendo a su amigo, sacó de la tienda a
Briseide, la de hermosas mejillas, y la entregó para que se la
llevaran. Partieron los heraldos hacia las naves aqueas, y la mujer
iba con ellos de mala gana. Aquiles rompió en llanto, alejóse
de los compañeros, y, sentándose a orillas del blanquecino mar
con los ojos clavados en el ponto inmenso y las manos extendidas,
dirigió a su madre muchos ruegos:
352
¡Madre! Ya que me pariste de corta vida, el olímpico Zeus
altitonante debía honrarme y no lo hace en modo alguno. El
poderoso Agamenón Atrida me ha ultrajado, pues tiene mi recompensa,
que él mismo me arrebató.
357
Así dijo derramando lágrimas. Oyóle la veneranda madre desde
el fondo del mar, donde se hallaba junto al padre anciano, a
inmediatamente emergió de las blanquecinas ondas como niebla,
sentóse delante de aquél, que derramaba lágrimas, acariciólo con
la mano y le habló de esta manera:
362
¡Hijo! ¿Por qué lloras? ¿Qué pesar te ha llegado al alma?
Habla; no me ocultes lo que piensas, para que ambos lo sepamos.
364
Dando profundos suspiros, contestó Aquiles, el de los pies ligeros:
365
Lo sabes. ¿A qué referirte lo que ya conoces? Fuimos a Teba,
la sagrada ciudad de Eetión; la saqueamos, y el botín que
trajimos se lo distribuyeron equitativamente los aqueos, separando
para el Atrida a Criseide, la de hermosas mejillas. Luego Crises,
sacerdote de Apolo, el que hiere de lejos, deseando redimir a su
hija, se presentó en las veleras naves aqueas con un inmenso rescate
y las ínfulas de Apolo, el que hiere de lejos, que pendían de
áureo cetro, en la mano; y suplicó a todos los aqueos, y
particularmente a los dos Atridas, caudillos de pueblos. Todos los
aqueos aprobaron a voces que se respetase al sacerdote y se
admitiera el espléndido rescate; mas el Atrida Agamenón, a quien no
plugo el acuerdo, to despidió de mal modo y con altaneras voces. El
anciano se fue irritado; y Apolo, accediendo a sus ruegos, pues le
era muy querido, tiró a los argivos funesta saeta: morían los
hombres unos en pos de otros, y las flechas del dios volaban por
todas partes en el vasto campamento de los aqueos. Un adivino
bien enterado nos explicó el vaticinio del que hiere de lejos, y yo
fui el primero en aconsejar que se aplacara al dios. El Atrida
encendióse en ira; y, levantándose, me dirigió una amenaza que ya
se ha cumplido. A aquélla los aqueos de ojos vivos la conducen a
Crisa en velera nave con presentes para el dios; y a la hija de
Briseo, que los aqueos me dieron, unos heraldos se la han llevado
ahora mismo de mi tienda. Tú, si puedes, socorre a tu buen
hijo; ve al Olimpo y ruega a Zeus, si alguna vez llevaste consuelo a
su corazón con palabras o con obras. Muchas veces, hallándonos en
el palacio de mi padre, oí que te gloriabas de haber evitado, tú
sola entre los inmortales, una afrentosa desgracia al Cronida, el de
las sombrías pubes, cuando quisieron atarlo otros dioses
olímpicos, Hera, Posidón y Palas Atenea. Tú, oh diosa, acudiste y
lo libraste de las ataduras, llamando en seguida al espacioso Olimpo
al centímano a quien los dioses nombran Briareo y todos los hombres
Egeón, el cual es superior en fuerza a su mismo padre, y se sentó
entonces al lado de Zeus, ufano de su gloria; temiéronlo los
bienaventurados dioses y desistieron del atamiento. Recuérdaselo,
siéntate a su lado y abraza sus rodillas: quizás decida
favorecer a los troyanos y acorralar a los aqueos, que serán muertos
entre las popas, cerca del mar; para que todos disfruten de su rey y
comprenda el poderoso Agamenón Atrida la falta que ha cometido
no honrando al mejor de los aqueos.
413
Respondióle en seguida Tetis, derramando lágrimas:
414
¡Ay, hijo mío! ¿Por qué te he criado, si en hora aciaga te
di a luz? ¡Ojalá estuvieras en las naves sin llanto ni pena, ya que
tu vida ha de ser corta, de no larga duración! Ahora eres juntamente
de breve vida y el más infortunado de todos. Con hado funesto te
parí en el palacio. Yo misma iré al nevado Olimpo y hablaré a
Zeus, que se complace en lanzar rayos, por si se deja convencer. Tú
quédate en las naves de ligero andar, conserva la cólera contra los
aqueos y abstente por entero de combatir. Ayer se marchó Zeus
al Océano, al país de los probos etíopes, para asistir a un
banquete, y todos los dioses lo siguieron. De aquí a doce días
volverá al Olimpo. Entonces acudiré a la morada de Zeus,
sustentada en bronce; le abrazaré las rodillas, y espero que lograré
persuadirlo.
428
Dichas estas palabras partió, dejando a Aquiles con el corazón
irritado a causa de la mujer de bella cintura que violentamente
y contra su voluntad le habían arrebatado.
430
En tanto, Ulises llegaba a Crisa con las víctimas para la sagrada
hecatombe. Cuando arribaron al profundo puerto, amainaron las velas,
guardándolas en la negra nave; abatieron rápidamente por medio
de cuerdas el mástil hasta la crujía, y llevaron la nave, a
fuerza de remos, al fondeadero. Echaron anclas y ataron las amarras,
saltaron a la playa, desembarcaron las víctimas de la hecatombe
para Apolo, el que hiere de lejos, y Criseide salió de la nave
surcadora del ponto. El ingenioso Ulises llevó la doncella al
altar y, poniéndola en manos de su padre, dijo:
442
¡Oh Crises! Envíame al rey de hombres, Agamenón, a traerte
la hija y ofrecer en favor de los dánaos una sagrada hecatombe a
Febo, para que aplaquemos a este dios que tan deplorables males ha
causado a los argivos.
446
Habiendo hablado así, puso en sus manos la hija amada, que
aquél recibió con alegría. Acto continuo, ordenaron la sagrada
hecatombe en torno del bien construido altar, laváronse las
manos y tomaron la mola. Y Crises oró en alta voz y con las manos
levantadas:
451
¡Óyeme, tú que llevas arco de plata, proteges a Crisa y
a la divina Cila a imperas en Ténedos poderosamente! Me escuchaste
cuando te supliqué, y, para honrarme, oprimiste duramente al
ejército aqueo; pues ahora cúmpleme este voto: ¡Aleja ya de los
dánaos la abominable peste!
457
Así dijo rogando, y Febo Apolo lo oyó. Hecha la rogativa y
esparcida la mola, cogieron las víctimas por la cabeza, que tiraron
hacia atrás, y las degollaron y desollaron; en seguida cortaron
los muslos, y, después de pringarlos con gordura por uno y otro
lado y de cubrirlos con trozos de carne, el anciano los puso sobre la
leña encendida y los roció de vino tinto. Cerca de él, unos
jóvenes tenían en las manos asadores de cinco puntas. Quemados
los muslos, probaron las entrañas, y, dividiendo lo restante en
pedazos muy pequeños, lo atravesaron con pinchos, lo asaron
cuidadosamente y lo retiraron del fuego. Terminada la faena y
dispuesto el banquete, comieron, y nadie careció de su
respectiva porción. Cuando hubieron satisfecho el deseo de beber y
de comer, los mancebos coronaron de vino las crateras y lo
distribuyeron a todos los presentes después de haber ofrecido
en copas las primicias. Y durante todo el día los aqueos
aplacaron al dios con el canto, entonando un hermoso peán a Apolo,
el que hiere de lejos, que los oía con el corazón complacido.
475
Cuando el sol se puso y sobrevino la noche, durmieron cerca de
las amarras de la nave. Mas, así que apareció la hija de la mañana,
la Aurora de rosados dedos, hiciéronse a la mar para volver al
espacioso campamento aqueo, y Apolo, el que hiere de lejos, les envió
próspero viento. Izaron el mástil, descogieron las velas, que
hinchó el viento, y las purpúreas olas resonaban en torno de la
quilla mientras la nave corría siguiendo su rumbo. Una vez llegados
al vasto campamento de los aqueos, sacaron la negra nave a
sierra firme y la pusieron en alto sobre la arena, sosteniéndola
con grandes maderos. Y luego se dispersaron por las tiendas y
los bajeles.
488
El hijo de Peleo y descendiente de Zeus, Aquiles, el de los pies
ligeros, seguía irritado en las veleras naves, y ni frecuentaba el
ágora donde los varones cobran fama, ni cooperaba a la guerra;
sino que consumía su corazón, permaneciendo en las naves, y
echaba de menos la gritería y el combate.
493
Cuando, después de aquel día, apareció la duodécima aurora,
los sempiternos dioses volvieron al Olimpo con Zeus a la cabeza.
Tetis no olvidó entonces el encargo de su hijo: saliendo de entre
las olas del mar, subió muy de mañana al gran cielo y al Olimpo, y
halló al largovidente Cronida sentado aparte de los demás dioses en
la más alta de las muchas cumbres del monte. Acomodóse ante él,
abrazó sus rodillas con la mano izquierda, tocóle la barba con la
derecha y dirigió esta súplica al soberano Zeus Cronión:
503
¡Padre Zeus! Si alguna vez te fui útil entre los inmortales
con palabras a obras, cúmpleme este voto: Honra a mi hijo, el
héroe de más breve vida, pues el rey de hombres, Agamenón, lo ha
ultrajado, arrebatándole la recompensa que todavía retiene.
Véngalo tú, próvido Zeus Olímpico, concediendo la victoria a los
troyanos hasta que los aqueos den satisfacción a mi hijo y lo colmen
de honores.
511
Así dijo. Zeus, que amontona las nubes, nada contestó guardando
silencio un buen rato. Pero Tetis, que seguía como cuando abrazó
sus rodillas, le suplicó de nuevo:
514
Prométemelo claramente, asintiendo, o niégamelo pues en
ti no cabe el temor para que sepa cuán despreciada soy
entre todas las deidades.
517
Zeus, que amontona las nubes, díjole afligidísimo:
518 ¡Funestas
acciones! Pues harás que me malquiste con Hera, cuando me zahiera
con injuriosas palabras. Sin motivo me riñe siempre ante los
inmortales dioses, porque dice que en las batallas favorezco a los
troyanos. Pero ahora vete, no sea que Hera advierta algo; yo me
cuidaré de que esto se cumpla. Y si lo deseas, te haré con la
cabeza la señal de asentimiento para que tengas confianza. Éste
es el signo más seguro, irrevocable y veraz para los
inmortales; y no deja de efectuarse aquello a que asiento con la
cabeza.
528
Dijo el Cronida, y bajó las negras cejas en señal de asentimiento;
los divinos cabellos se agitaron en la cabeza del soberano
inmortal, y a su intlujo estremecióse el dilatado Olimpo.
531
Después de deliberar así, se separaron: ella saltó al profundo
mar desde el resplandeciente Olimpo, y Zeus volvió a su palacio.
Todos los dioses se levantaron al ver a su padre, y ninguno
aguardó que llegara, sino que todos salieron a su encuentro. Sentóse
Zeus en el trono; y Hera, que, por haberlo visto, no ignoraba que
Tetis, la de argénteos pies, hija del anciano del mar, con él había
departido, dirigió al momento injuriosas palabras a Zeus Cronida:
540
¿Cuál de las deidades, oh doloso, ha conversado contigo?
Siempre te es grato, cuando estás lejos de mí, pensar y resolver
algo secretamente, y jamás te has dignado decirme una sola palabra
de to que acuerdas.
544
Respondióle el padre de los hombres y de los dioses:
545
¡Hera! No esperes conocer todas mis decisiones, pues te
resultará difícil aun siendo mi esposa. Lo que pueda decirse,
ningún dios ni hombre lo sabrá antes que tú; pero lo que quiera
resolver sin contar con los dioses, no lo preguntes ni procures
averiguarlo.
551
Replicó en seguida Hera veneranda, la de ojos de novilla:
552
¡Terribilísimo Cronida, qué palabras proferiste! No será
mucho lo que te haya preguntado o querido averiguar, puesto que muy
tranquilo meditas cuanto te place. Mas ahora mucho recela mi
corazón que te haya seducido Tetis, la de argénteos pies, hija del
anciano del mar. A1 amanecer el día sentóse cerca de ti y abrazó
tus rodillas; y pienso que le habrás prometido, asintiendo, honrar a
Aquiles y causar gran matanza junto a las naves aqueas.
560
Y contestándole, Zeus, que amontona las nubes, le dijo:
561
¡Ah, desdichada! Siempre sospechas y de ti no me oculto. Nada,
empero, podrás conseguir sino alejarte de mi corazón; lo cual
todavía te será más duro. Si es cierto lo que sospechas, así debe
de serme grato. Pero siéntate en silencio y obedece mis palabras. No
sea que no te valgan cuantos dioses hay en el Olimpo,
acercándose a ti, cuando te ponga encima mis invictas manos.
569
Así dijo. Temió Hera veneranda, la de ojos de novilla, y,
refrenando el coraje, sentóse en silencio. Indignáronse en el
palacio de Zeus los dioses celestiales. Y Hefesto, el ilustre
artífice, comenzó a arengarlos para consolar a su madre Hera, la de
los níveos brazos:
573
Funesto a insoportable será lo que ocurra, si vosotros
disputáis así por los mortales y promovéis alborotos entre
los dioses; ni siquiera en el banquete se hallará placer alguno,
porque prevalece lo peor. Yo aconsejo a mi madre, aunque ya ella
tiene juicio, que obsequie al padre querido, a Zeus, para que no
vuelva a reñirla y a turbarnos el festín. Pues, si el Olímpico
fulminador quiere echarnos del asiento... nos aventaja mucho en
poder. Pero halágalo con palabras cariñosas y en seguida el
Olímpico nos será propicio.
584
De este modo habló y, tomando una copa de doble asa, ofrecióla a su
madre, diciendo:
586
Sufre, madre mía, y sopórtalo todo, aunque estés afligida;
que a ti, tan querida, no lo vean mis ojos apaleada sin que pueda
socorrerte, porque es difícil contrarrestar al Olímpico. Ya
otra vez que quise defenderte me asió por el pie y me arrojó de los
divinos umbrales. Todo el día fui rodando y a la puesta del sol caí
en Lemnos. Un poco de vida me quedaba y los sinties me recogieron tan
pronto como hube caído.
595
Así dijo. Sonrióse Hera, la diosa de los níveos brazos; y,
sonriente aún, tomó la copa que su hijo le presentaba. Hefesto
se puso a escanciar dulce néctar para las otras deidades, sacándolo
de la cratera; y una risa inextinguible se alzó entre los
bienaventurados dioses viendo con qué afán los servía en el
palacio.
601
Todo el día, hasta la puesta del sol, celebraron el festín; y
nadie careció de su respectiva porción, ni faltó la hermosa
cítara que tañía Apolo, ni las Musas que con linda voz cantaban
alternando.
605
Mas, cuando la fúlgida luz del sol llegó al ocaso, los dioses
fueron a recogerse a sus respectivos palacios, que había
construido Hefesto, el ilustre cojo de ambos pies, con sabia
inteligencia. Zeus olímpico, fulminador, se encaminó al lecho donde
acostumbraba dormir cuando el dulce sueño le vencía. Subió y
acostóse; y a su lado descansó Hera, la de áureo trono.
5° Científico.Temas prueba parcial
Alumnos de 5° científico: subo el blog en forma especificada los temas de la prueba que dicté la clase anteriemor, también subo el canto I de La Ilíada de Homero para comparar el tema de la peste tebana y el personaje del adivino Calcas.
Tema1. Prólogo.
Diálogo entre Edipo y el sacerdote. Funciones del prólogo. Parte de la leyenda que retoma la bora. Descripción de la peste y su significación. Importancia del personaje del sacerdote.
Comparación con la peste en La Ilíada de Homero (aclarar diferencia de género)
Tema 2. Prólogo.
Diálogo entre Edipo y Creón. La respuesta de Apolo. La actitud de Edipo ante la respuesta de Creón.Tema 3. EpisodioI
Diálogo estíquico entre Edipo y Tiresias. Importancia de la figura del adivino.Diferentes actitudes de Edipo ante el personaje.
Tiresias y Edipo: personajes ¿antitéticos o similares?
Comparación entre la actitud de Tiresias y Calcas ante la interrogación de sus jefes.
Tema 4. Episodio II
Diálogo entre Yocasta y Edipo. La interrogración de Edipo ante Yocasta y la actitud desconfiada del personaje ante los oráculos.
Tema 5. Episodios III IV
Conceptos de peripecia y anagnórisis (según la definición de Aristóteles) aplicados a los personajes de Yocasta y Edipo.
Observación: se desarrollará un solo tema jerarquizando el tiempo para elaborar una introducción con los conceptos teóricos pertinentes a tragedia griega los que deben estar tratados con precisión y solvencia
6 de junio de 2016
6°SE Etapas del romanticismo francés.
ROMANTICISMO.
PRE
ROMANTICISMO Y ROMANTICISMO.
El siglo XVIII fue en cuanto al tema de los
períodos literarios, una época complicada, no hubo ningún estilo
que haya ejercido un dominio homogéneo y prolongado.
Algunos, casi inaceptablemente, han
generalizado las manifestaciones literarias de dicho siglo con el
nombre de “rococó”, concepto de las artes plásticas que fue
considerado como el elemento fundamental de todos los autores del
siglo XVIII.
El rococó tiene que ser considerado como
una de las líneas de fuerza, uno de los componentes artísticos del
siglo XVIII, la expresión de ciertos aspectos de la sensibilidad y
el espíritu de la época.
En cuanto a sus características podemos
citar la visión trágica del a vida, el gusto por la naturaleza
sencilla y tranquila, escenario de elegantes y voluptuosas fiestas y
de tiernos idilio, concepción de la vida como un ensueño de
felicidad, valorización de la intimidad en la vida y en el arte,
precisismo estilístico , graciosidad, pulidez, frívola elegancia,
erotismo refinado.
El concepto de pre romanticismo data de
las primeras décadas del siglo XX y fue defendido por Paul Van
Tieghem, el concepto abarca las tendencias estéticas y las
manifestaciones de sensibilidad que en el siglo XVIII se apartan de
los cánones neoclásicos, anunciando el romanticismo, ello no
significa que el pre romanticismo sea sólo una preparación para el
romanticismo y que carezca de rasgos propios.
El pre romanticismo no tiene la
homogeneidad de una escuela literaria ni presenta un concepto
sistemático de doctrinas, ello no significa que carezca de contenido
pues aparecen en el siglo XVIII nuevos conceptos estéticos, temática
nueva y nueva sensibilidad. Los países donde floreció el pre
romanticismo fueron Inglaterra (Young, (Night thouhts),de Richardson,
Gray, Macplerson), Alemania con el movimiento “Sturn und Drang,
Francia con Diderot, Saint Pierre, Rousseau.
En cuanto a sus características podemos
citar:
La valorización del sentimiento: el
corazón triunfa del racionalismo ilustracionista y se convierte en
al fuente por excelencia de los valores humanos. La sensibilidad es
el más legítimo título de las almas, la vida moral es regida por
el sentimiento y los derechos del corazón.
La literatura divulga los secretos de la
intimidad humana, sin pudor; es la primera generación europea de
egoísta, los pre románticos crean una literatura confesionalista,
provoca violentas reacciones afectivas en los lectores de la época,
si citamos un ejemplo encontramos la novela “Werther” de Goethe
publicada en 1774 que originó tras su lectura una ronda de suicidios
en los jóvenes alemanes.
Esta nueva sensibilidad presenta un
carácter tierno y tranquilo, una suave emoción que provoca el
paisaje o un recuerdo, en algunos casos esto cede a la desesperación
y a la angustia, a la agitación sombría y entonces el poeta se
complace en visiones lúgubres, paisajes nocturnos, agrestes y
solitarios-
Se observa la predilección por los
dolorosos presagios, sueños aciagos, muerte, poesía de la noche y
de las tumbas, meditación sobre la muerte, sepulcros.
El pre romanticismo presenta una nueva
visión del paisaje y de la naturaleza ya no se trata de más
capacidad descriptiva del mundo exterior como una visión del
paisaje: entre la naturaleza y el “yo” se establecen relaciones
afectivas: lagos, árboles, montañas se asocian a los estados del
alma y el escritor vuelca en ellos emociones y sueños.
A esta literatura pre romántica se le debe
la revelación de la belleza melancólica del otoño elegíaco y
solitario, de hojas caídas, sol pálido y crepúsculos heridos.
Se manifiesta un declive de las influencias
greco latinas y de las imposiciones del clasicismo del siglo XVIII.
Se define el Romanticismo como un vasto
movimiento de la cultura europea que iniciándose en los países
nórdicos y progresando hacia el sur y el Mediterráneo, abarcó
durante casi siglo y medio (segunda mitad del siglo XVIII y el siglo
XIX) todo el viejo continente.
En cuanto al vocablo
“romántico” el mismo tiene una historia compleja, proviene del
adverbio latino “romanice” que significaba a la manera de los
romanos, se derivó en francés al vocablo “romanz” escrito Román
(siglo XII) y roman (siglo XVII); la palabra rommant designó primero
la lengua vulgar frente al latín, pasando a designar cierta especie
de composición literaria escrita en lengua vulgar, cuyos temas
consistían en complicadas aventuras heroicas o galantes.
En Italia como en Francia, donde el
romanticismo es tardío en relación con las literaturas inglesa y
alemana, existen grupos románticos que se oponen a escritores
clásicos, desde 1816 a 1820 respectivamente, las manifestaciones del
romanticismo francés se producen más tarde, la publicación de
“Cromwell” de Víctor Hugo en 1827 y la batalla de “Hernani”
de 1830.
En cuanto a la literatura alemana el
romanticismo se da en oposición al arte clásico en aquella famosa
frase de Goethe (1749 1832) “lo clásico es la salud, y lo
romántico es la enfermedad” oponiendo así el equilibrio a la
agitación. En ese país el romanticismo se afirma desde fines del
siglo XVIII con la revista Athenaeum de 1789.
El
romanticismo presenta una nueva concepción del yo: la teoría
elaborada por la filosofía germánica por Johann
Gottlieb Fichte (1762-1814), y por Friedrich Wilhelm Joseph
von Schelling (1775-1854), esta teoría es uno de los elementos
dorsales del romanticismo alemán. Para Fichte el yo constituye la
realidad primordial y absoluta, el yo se afirma así mismo, es un yo
absoluto.
Este
teoría fue tomada erróneamente por los románticos que
identificaron ese yo puro con el yo del individuo, con el genio
individual, para los ellos el espíritu humano constituye una entidad
dotada de actividad, que tiende al infinito, que rompe con los
límites, búsqueda incesante del absoluto, hay una energía del yo y
ansias de absoluto.
El
mundo romántico se opone al mundo humanístico y al
ilustracionista, este nuevo mundo está abierto a lo sobrenatural y
al misterio. Nada de lo que es visible y palpable representa la
realidad verdadera, la realidad auténtica no es perceptible a los
sentidos.
Relacionado
con ello aparece la palabra Sehnsucht,
término alemán que significa “la nostalgia de algo distante” en
el tiempo y en el espacio, el carácter específico del arte
romántico consiste en no alcanzar jamás la perfección, los
personajes románticos se sienten atraídos por un anhelo
indefinible, persiguen un ideal recóndito y distante.
En
cuanto al hombre romántico se presenta con un declarado tiranismo,
rebelde, altivo y desdeñoso, en contra de las leyes y los límites,
desafían a la sociedad y a Dios mismo. Prometeo es la figura mítica
que los románticos exaltan con frecuencia, como símbolo de la
condición titánica del hombre.
También
Satán se convirtió en otro símbolo para los románticos,
proclamando la gloria y la grandeza de su desafío al creador. Otros
personajes tomados como símbolos fue Caín, y Don Juan personaje
del teatro del1600.
En
el hombre fatal del romanticismo vemos muchas características de
Satán: desde la fisonomía (faz pálida, mirada impiadosa) hasta el
temperamento y los rasgos psíquicos y morales (melancolía
indesarraigable, desesperación, rebeldía, inclinación a la
destrucción y al mal.
Otras
veces son las figuras de los poetas geniales, desgraciados y
perseguidos por la sociedad, condenados a la soledad, incomprendidos
por los hombres y que desafían al destino, lo que los poetas exaltan
como símbolo de la aventura titánica del hombre.
Del
fracaso de su aventura, de la imposibilidad de realizar el absoluto
nacen el pesimismo, la melancolía y la desesperación, la búsqueda
de la soledad.
El
mal du siecle, la indefinible enfermedad que les llena de tedio la
vida y les hace desear la muerte expresan el cansancio y la
frustración que resultan de la imposibilidad de realizar el
absoluto.
La
ironía es otro elemento importante del romanticismo, que nace de la
conciencia del carácter antinómico de la realidad y constituye una
actitud de superación por parte del yo, de las contradicciones de la
realidad, del perpetuo conflicto entre lo absoluto y lo relativo. El
arte, exige del creador una actitud de ironía, de distanciamiento,
de superioridad frente a la obra creada.
Se
observan ansias de evasión que provienen de su conflicto con la
sociedad, esa evasión se da al ensueño, a lo fantástico, a la
orgía, a la disipación, al espacio y al tiempo. La evasión al
espacio se reveló en el exotismo que se combinó con el color local,
con la fiel reproducción de los aspectos característicos de un
país; y la evasión en el tiempo condujo a la glorificación de la
Edad media, dejada de lado por el racionalismo ilustracionista, Esta
edad atraía con lo pintoresco de sus usos y costumbres, con el
misterio de sus leyendas y traiciones, con su belleza nostálgica de
sus castillos, con el idealismo de sus tipos humanos más relevantes.
El Romanticismo francés, del cual nos
ocupamos por incluir en este eje temático al poeta Charles
Baudealire (1821 - 1867) ocupa en el proceso de consolidación del
movimiento una posición intermedia. En 1800 cuando comienzan a
definirse en Francia las ideas y las obras románticas, Inglaterra
con Worsworth y Coleridge, Alemania con el “Sturm und Drang”
Goethe y su “Werther” (1774) ya señalado anteriormente, el
teatro de Schiller, la poesía de Novalis ya habían dado mucho de su
mejor romanticismo. Igualmente en el siglo XVIII en Francia se
observaba un claro rechazo a las reglas de los clásicos, a la
admiración de los antiguos, en Diderot y Rousseau, entre otros se
dan rasgos que serán fundamentales para el espíritu romántico, el
individualismo, el sentimiento de la naturaleza y la exaltación de
la sensibilidad.
En
la evolución el romanticismo francés podemos distinguir tres
etapas: la primera llamada de iniciación y dominada por las figuras
de Chateaubriand y Mme Stael, y por la formación de toda una
sensibilidad colectiva que se llamó “el mal del siglo”.
La
segunda etapa de pleno desarrollo del movimiento donde se libra “la
batalla romántica” (1820- 1830) Recordemos que es en esta etapa
donde el poeta Víctor Hugo
publica su drama histórico
“Cromwell” El prefacio que Hugo
redactó en 1827 para este drama se convirtió inmediatamente en el
manifiesto del teatro romántico. En él realizaba un encendido
llamamiento a la liberación de las restricciones impuestas por el
clasicismo. El texto se divide en tres partes: una primera de rechazo
a las reglas aristotélicas de unidad de lugar y tiempo, una segunda
que recomienda conservar la regla de la unidad de acción y una
tercera que proclama el derecho y deber de todo arte de representar
la realidad en todos sus aspectos. El nuevo drama romántico francés
que inaugura Hugo con sus teorías se caracteriza por la
incorporación de lo feo y lo grotesco a la escena teatral, por una
mayor preocupación por el color local y sobre todo por la mezcla de
elementos cómicos y trágicos.
También
a esta época pertenece otra obra del autor representativa de la
batalla romántica “Hernani” de 1830.
La
tercera etapa corresponde a la aceptación del movimiento (1830.
1843) donde el movimiento pasa desintegrarse como tal y dar lugar a
otras corrientes que se estudiarán más adelante.
Observando
estas tres etapas del romanticismo francés podemos deducir la
aparición tardía dentro del movimiento del libro “Las flores del
mal “publicado en 1857 con lo que resulta imposible concebir a la
figura del poeta Charles
Baudelaire dentro del
romanticismo propiamente dicho.
“Las flores del mal”
de Charles Baudealire se publican en 1857 y algo que nadie podía
sospechar en ese momento cambió para siempre. La poesía tomó un
rumbo tan inesperado con si el Sena desviara su curso. Podemos decir
que la aparición del autor se da en una Romanticismo que ya decaía
por eso podemos decir que ubicamos al autor casi después de la
tercer etapa del movimiento en Francia.
El libro se publicó con un tiraje de 1320
ejemplares y constaba de 101 poemas, pero esta primera edición está
lejos de la que se conoce actualmente. En 1861 incorporó 35 títulos.
Fue el libro al que Baudelaire le dedicó toda su vida, incluso hay
textos que se publicaron después de su muerte.
Según las palabras del autor “el único
elogio que solicito para este libro es el de que se reconozca que no
consiste en un puro álbum, que tiene comienzo y fin. Todos los
poemas nuevos se han hecho para ser adaptados a un cuadro singular
que yo había escogido”
El autor manejó algunos títulos hasta
llegar el definitivo: “Me pareció entonces más interesante y
tanto más agradable cuanto más difícil, tratar de extraer la
belleza del mal”.
El libro contiene una dedicatoria al poeta
Theòphile Gauthier: AL POETA
IMPECABLE Al perfecto mago en las letras francesas. A mi muy caro y
muy venerado MAESTRO Y AMIGO
con los sentimientos de la más profunda humildad dedico ESTAS FLORES
ENFERMIZAS.
Presenta además un poema introductorio “Al
lector “y un poema que cierra el libro “Epígrafe para un libro
condenado”, entre ambos aparecen seis secciones:
- Spleen et Ideal.
- Cuadros parisinos.
- El vino.
- Las flores del mal.
- Revolución.
- La muerte.
En nuestra propuesta los dos de los poemas
seleccionados pertenecen a Cuadros parisinos (“Paisaje”, “El
crepúsculo de la tarde”).
Esta sección fue agregada en la segunda
edición del libro: no figuraba en la primera de 1857.
La protagonista de todo el libro y
especialmente de esta sección es la ciudad, y especialmente París.
Quizás nada para él podría ser entendido fuera de los reconocibles
límites de París. Recordamos las palabras de Balzac cuando al
comienzo de la novela “Papa Goriot” (1852) se preguntaba “¿será
comprendida más allá de París? Con Baudelaire ocurre lo mismo:
muestra de ella su grandeza y su estupidez.
Con respecto a su visión de la naturaleza
y de la ciudad el poeta ha señalado: “ …yo no soy incapaz de
enternecerme con los vegetales, y mi alma es rebelde a esta nueva y
singular religión… siempre he pensado que existe en la Naturaleza,
floreciente y rejuvenecida, algo de impúdico y de afligente…En el
fondo de los bosques, encerrado bajo sus bóvedas similares a las de
las sacristías y de las catedrales, yo pienso en nuestras
estupefacientes ciudades, y la prodigiosa música que corre a lo
largo de las cimas, me parece la traducción de lamentos humanos”.
Recordemos el primer verso del poema “Paisaje” que se analizará
más adelante “quisiera yo componer mis églogas más puras” y
quedan explicadas estas palabras del autor.
La mirada hacia la ciudad es de una
profunda piedad hacia los desamparados, los viejos, los enfermos, los
desahuciados, los más desvalidos, de ahí que el autor señalara de
la ciudad “: París centro e irradiación de la estupidez humana”.
La crítica coincide en señalar el tema
ciudadano como una de las renovaciones más perdurables que
Baudelaire introdujo en la poesía del siglo XIX. Es él el primer
poeta de la ciudad. Pasar de los amplios panoramas de la poesía de
Vigny y de Víctor Hugo a la de las Flores del mal es después de
recorrer vastos paisajes de bosques y montañas, penetrar en una
habitación secreta de íntimos y umbrosos ecos, con penumbra de
lámparas, destellos de joyas, cristales y desnudeces lustrosas,
sensualidad de pieles y perfumes refinados, a través del balcón, la
ciudad dormida y silenciosa. Su mundo ideal está figurado como una
arquitectura, porque su mundo real es una arquitectura, una
naturaleza urbana, es decir, una naturaleza que no es más
naturaleza.
Pero este cambio en el decorado, no es
solamente tal, sino una necesaria renovación del mundo poético, una
re invención del mismo. Las imágenes bucólicas, las comparaciones
y metáforas que transcurrían en parques abandonados y al borde de
los lagos no sirven para recrear poéticamente el mundo ciudadano.
Según Eliot, el autor dio nuevas posibilidades a la poesía en una
nueva provisión de imágenes de la vida contemporánea. No es
simplemente usar imágenes de la vida ordinaria, al usar imágenes de
la vida sórdida de una gran metrópoli sino al elevar tales imágenes
a la primera intensidad, presentándolas como son, y sin embargo
haciéndolas representar algo mucho más que ellas mismas.
Baudelaire rechaza la naturaleza y escoge
la ciudad para pensar su poesía, porque es aquí, en una creación
del hombre, en un ambiente anti natural muchas veces corrompido,
donde encuentra más amplios ecos su meditación sobre el mal. El
ángel caído, lleno de nostalgia por el paraíso primero y natural,
reflexiona en este corazón ciudadano que se ha alejado de la
naturaleza primitiva, para profundizar en el desarraigo esencial en
el que ha crecido la cultura del hombre moderno; el pecado original.
Es por eso quizás, que los habitantes del
París de Baudelaire poseen ese rasgo común de desheredados, de
testigos nostálgicos de un mundo del que son extranjeros, figuras
de anónimo pasado, y sin futuro, casi inmóviles: los mendigos, los
ciegos, los ancianos, las viudas, las prostitutas, los borrachos.
En el tema de la ciudad se cumple además
una noción del romanticismo propia de Baudealaire y compartida por
Stendhal, como la “expresión más reciente, más actual de lo
bello” Baudelaire ha mostrado por primera vez la belleza de la
ciudad. Recordemos el siguiente párrafo “El heroísmo de la vida
moderna”
6°SE Romanticismo francés:etapas. Selección poemas de Víctor Hugo.
SELECCIÓN DE POEMAS DE VICTOR HUGO.
DE: Las Contemplaciones.
Sale al campo el poeta; allí admira y
adora
escuchando la lira que en su pecho resuena;
cuando ven que se acerca, hete aquí que
las flores,
las que pálido dejan el color del rubí,
más vistosas incluso que los pavos reales,
o, doradas o azules, las minúsculas
flores,
le reciben moviendo en el aire sus tallos,
se ensimisman, coquetas, sin dejar de
mirarlo,
y, beldades al fin, dando cierta confianza.
—Mira, dicen, ahí viene quien suspira
por vernos.
Y entre luces y sombras, y entre voces
confusas,
esos árboles altos habitantes del bosque,
cual profundos ancianos, arces, tejos y
tilos,
sauces llenos de arrugas, venerables
encinas,
olmos negros con musgo que se pega a su
cuerpo,
como ulemas sumisos al pasar el muftí
le saludan rendidos inclinando hasta el
suelo
sus cabezas de fronda y sus barbas de
hiedra
contemplando su frente de fulgores serenos
y susurran: ¡Es él! ¡Es aquel soñador!
De: Las
Contemplaciones.
A André Chénier (14)
Sí, mi verso bien puede, sin temor de ir a
menos,
adoptar de la prosa la llaneza de estilo.
Es verdad, André, yo a veces mezclo risas
al canto.
¿Que por qué? Siendo joven y al tratar de
leer
en el libro espantable de las aguas y
bosques
yo vivía en un parque (15) muy sombrío en
el cual
parloteaban los pájaros, donde el llanto
sonreía
en los ojos azules de la hierba doncella.
Cierto día en que yo solitario soñaba
entre el verde ramaje, un pardillo
encargado
de la crónica agreste fue a decirme:
También
hay que andar por la tierra. La Natura es
burlona
si rodea a los hombres; oh, poeta, tus
cantos,
pues los nombras así, fueran más
parecidos
deshinchando la voz. Porque piensa que el
bosque
desde luego suspira, mas también silba a
veces.
El azul brilla cuando lo desgarra la risa.
No decae el Olimpo cuando ríe a sus
anchas;
no, no creas que mengua del poeta el
talento
cuando dejas pasar entre dos versos nobles
una alada palabra danzarina sin más.
Porque no es un llorón el delirio del
viento;
como el mar y sus olas no desgranan
romanzas.
Entre siglos y noches la creación
hermanando
lo risueño y lo grave, Rabelais y
Alighieri,
el siniestro Ugolino (16) al titán
Grandgousier (17),
une al llanto del mundo risotadas inmensas.
De: Las Contemplaciones.
Lise
Yo tenía doce años; dieciséis ella al
menos.
Alguien que era mayor cuando yo era
pequeño.
Al caer de la tarde, para hablarle a mis
anchas,
esperaba el momento en que se iba su madre;
luego con una silla me acercaba a su silla,
al caer de la tarde, para hablarle a mis
anchas.
¡Cuánta flor la de aquellas primaveras
marchitas,
cuánta hoguera sin fuego, cuánta tumba
cerrada!
¿Quién se acuerda de aquellos corazones
de antaño?
¿Quién se acuerda de rosas florecidas
ayer?
Yo sé que ella me amaba. Yo la amaba
también.
Fuimos dos niños puros, dos perfumes, dos
luces.
Ángel, hada y princesa la hizo Dios. Dado
que era
ya persona mayor, yo le hacía preguntas
de manera incesante por el solo placer
de decirle: ¿Por qué? Y recuerdo que a
veces,
temerosa, evitaba mi mirada pletórica
de mis sueños, y entonces se quedaba
abstraída.
Yo quería lucir mi saber infantil,
la pelota, mis juegos y mis ágiles
trompos;
me sentía orgulloso de aprender mi latín;
le enseñaba mi Fedro, mi Virgilio, la vida
era un reto, imposible que algo me hiciera
daño.
Puesto que era mi padre general, presumía.
Las mujeres también necesitan leer
en la iglesia en latín, deletreando y
soñando;
y yo le traducía algún que otro
versículo,
inclinándome así sobre su libro abierto.
El domingo, en las vísperas, desplegar su
ala blanca
sobre nuestras cabezas yo veía a los
ángeles.
De mí siempre decía: ¡Todavía es un
niño!
Yo solía llamarla mademoiselle Lise.
Y a menudo en la iglesia, ante un salmo
difícil,
me inclinaba feliz sobre su libro abierto.
Y hasta un día, ¡Dios mío, Tú lo
viste!, mis labios
hechos fuego rozaron sus mejillas en flor.
Juveniles amores, que duraron tan poco,
sois el alba de nuestro corazón, hechizad
a aquel niño que fuimos con un éxtasis
único.
Y al caer de la tarde, cuando llega el
dolor,
consolad nuestras almas, deslumbradas aún,
juveniles amores, que duraron tan poco.
De: Las Contemplaciones.
Feliz es quien se ocupa del eterno destino
y, viajero que parte con las luces del
alba,
se despierta, aún el alma pululante de
sueños
y ya desde la aurora reza y lee. Nace el
día
lentamente, a medida que adelanta en las
páginas,
y amanece en el cielo y en su mente a la
vez.
Claramente distingue en aquella luz pálida
lo que existe en su alcoba, lo que existe
en sí mismo;
todo duerme en la casa , él supone estar
solo
y no obstante , sellando con un dedo sus
labios,
a su espalda, y al tiempo que él se
embriaga con éxtasis
sobre el libro se inclinan sonrientes los
ángeles.
De: Las Contemplaciones.
Él decía a su amada: Si pudiéramos ir
los dos juntos, el alma rebosante de fe,
con fulgores extraños en el fiel corazón,
ebrios de éxtasis dulces y de melancolía,
hasta hacer que se rompan los mil nudos con
que ata
la ciudad nuestra vida; si nos fuera
posible
salir de este París triste y loco,
huiríamos;
no se adónde, a cualquier ignorado lugar,
lejos de vanos ruidos, de los odios y
envidias,
a buscar un rincón donde crece la hierba,
donde hay árboles y hay una casa chiquita
con sus flores y un poco de silencio, y
también
soledad, y en la altura cielo azul y la
música
de algún pájaro que se ha posado en las
tejas,
y un alivio de sombra... ¿Crees que acaso
podemos
tener necesidad de otra cosa en el mundo?
Adquirió la costumbre cuando aún era muy
niña
de entrar cada mañana un ratito en mi
cuarto;
la esperaba lo mismo que a la luz de la
aurora;
ella entraba y decía: Buenos días, papá;
y cogía mi pluma y hojeaba mis libros,
se sentaba en mi cama, revolvía papeles,
se reía; de pronto decidía marcharse
como haciéndome ver que era un ave de
paso.
Reanudaba yo entonces, algo menos cansado,
mi tarea, y a veces, cuando estaba
escribiendo,
entre mis manuscritos encontraba algún
raro
arabesco bien suyo, y a menudo arrugadas
muchas páginas blancas donde, no sé por
qué,
versos míos nacían de una música dulce.
Dios, las flores, los astros y los prados
amaba,
era más un espíritu que una simple mujer.
En sus ojos había claridades de su alma,
me pedía consejo sobre todas las cosas.
¡Cuántas noches de invierno deliciosas,
radiantes
conversando de historia, de gramática y
lengua,
apiñados los cuatro junto a mí, muy
cercana
de mis hijos su madre, y a la vera del
fuego
un corrillo de amigos! ¡Yo llamaba a esta
vida
contentarse con poco! ¡Y pensar que ella
ha muerto!
¡Ay de mí, Dios me asista! Yo no pude
tener
alegría jamás viendo en ella tristeza;
taciturno quedaba en mitad de los bailes
de haber visto al salir una sombra en sus
ojos.
Noviembre de 1846, día de difuntos.
De «Las contemplaciones»
Veni, vidi, vixi
Demasiado he vivido, ya que en medio de
lutos
ando sin encontrar el apoyo de un brazo,
ya que apenas sonrío cuando estoy entre
niños,
ya que ver unas flores ni siquiera me
alegra.
Ya que cuando en abril Dios convida a su
fiesta,
taciturno presencio tan espléndido amor;
porque ya soy un hombre que rehuye la luz
y que siente de todo la tristeza secreta.
Ya que ha sido vencida la esperanza en mí
mismo;
ya que en esta estación de perfumes y
rosas
¡oh, hija mía! (19), suspiro por tu
oscuro reposo.
Muerto está el corazón, demasiado he
vivido.
No he querido negarme al quehacer en la
tierra.
¿Surco propio? Aquí está. ¿Mi gavilla?
Ésta es.
Sonriendo he vivido, cada vez más humano,
siempre en pie, más mirando hacia donde
hay misterio.
Hice cuanto podía: he servido, he velado,
se han reído a menudo de mi pena y
esfuerzo.
Me asombraba saber que era objeto del odio
tras de mucho sufrir, tras de mucho
trabajo.
En la cárcel terrena donde no hay ala
abierta.
sin quejarme, sangrando y caído por
tierra,
triste, exhausto, el escarnio de los otros
forzados
yo llevé mi eslabón de la eterna cadena.
Pero ahora tan sólo entreabro los ojos,
ni me vuelvo siquiera cuando me oigo
nombrar;
el hastío y el pasmo me dominan, como
alguien
que abandona su lecho sin haberse dormido.
En mi amarga pereza no me digno increpar
a la boca envidiosa que conmigo se ensaña.
¡Oh, Señor! Que las puertas de la noche
se me abran,
para que al fin me vaya, para que me
oscurezca.
De «Las contemplaciones»
Con el alba, mañana, cuando el campo
blanquee,
voy a irme. Sé bien que me estás
esperando.
Andaré por los bosques, cruzaré las
montañas.
Porque lejos de ti ya no puedo seguir.
Andaré con los ojos fijos en lo que
piense,
sin ver nada de fuera, sin oír ningún
ruido,
solitario, encorvado, con las manos
cruzadas,
triste, anónimo, el día será igual que
la noche.
No veré ni los oros de la tarde que cae,
ni a lo lejos las velas dirigiéndome a
Harfleur,
y al llegar dejaré en tu tumba unas ramas
del acebo más verde y de brezos en flor.
De «Las contemplaciones»
Caía de la roca el manantial
gota a gota en el pavoroso mar.
El océano que es fatal al nauta,
le dijo: Di, llorona, ¿tú que quieres?
Yo soy la tempestad, soy el espanto;
termino allí donde comienza el cielo.
¿Te necesito acaso siendo tú
tan pequeña cuando yo soy inmenso?
Respondió el manantial al mar amargo:
Sin gloria y sin estrépito te doy,
oh vasto mar, lo que tú nunca tienes:
un poco de agua para que alguien beba.
Victor Hugo: El mendigo
Era un pobre que andaba en la escarcha y el
viento.
Golpeé mi cristal; se detuvo delante
de mi puerta, que abrí con un gesto
cortés.
Regresaban los asnos del mercado del
pueblo,
con labriegos sentados en las toscas
albardas.
Era el viejo que vive en aquella casucha
que está al pie de la cuesta, y que sueña
esperando,
solitario, una luz de ese cielo tan triste,
de la tierra unos céntimos, el que tiende
sus manos
hacia el hombre y las junta conversando con
Dios.
Le grité: Puede entrar y caliéntese un
poco.
Quise saber su nombre. Él tan sólo me
dijo:
Yo me llamo el mendigo. Le cogí de la
mano:
Adelante, buen hombre. Y ordené que
trajeran
una jarra de leche. El anciano temblaba
por el frío; me hablaba, mientras yo,
pensativo,
aunque hablándole, no conseguía
escucharle.
Viene todo empapado, dije, tienda su ropa
aquí junto al hogar. Se arrimó más al
fuego.
Vi su abrigo comido por polillas, que
antaño
fuera azul, desplegado al calor de las
llamas,
con mil puntos brillantes agujeros de luz
que mostraba el fulgor, ante la chimenea
como un cielo nocturno salpicado de
estrellas.
Y entretanto secaba sus andrajos,
chorreantes
de la lluvia y del agua de las hondas
barrancas,
le veía como alguien que rebosa oraciones
y miraba, insensible a lo que ambos
decíamos,
su sayal, refulgente de mil constelaciones.
Ave, dea, moriturus te salutat
A Judith Gautier
La belleza y la muerte son dos cosas
profundas,
con tal parte de sombra y de azul que
diríanse
dos hermanas terribles a la par que
fecundas,
con el mismo secreto, con idéntico enigma.
Oh, mujeres, oh voces, oh miradas,
cabellos,
trenzas rubias, brillad, yo me muero, tened
luz, amor, sed las perlas que el mar mezcla
a sus aguas,
aves hechas de luz en los bosques sombríos.
Más cercanos, Judith, están nuestros
destinos
de lo que se supone al ver nuestros dos
rostros;
el abismo divino aparece en tus ojos,
y yo siento la sima estrellada en el alma;
mas del cielo los dos sé que estamos muy
cerca,
tú porque eres hermosa, yo porque soy muy
viejo.
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